domingo, 24 de marzo de 2013

La emoción de la vida


Tengo miedo de que el tiempo pase y la vida no me deje sacar todo aquello que vengo acumulando en mi ser. Suelo perderme en la rutina mundana, en la pereza autoprovocada con la complicidad de la caja boba o en molestias estériles que cargo desde la oficina y que, al final de cuentas, no pueden darme más que alguna enfermedad…y sé que no vale la pena.

No me había dado cuenta de cuánto extrañaba leer hasta que volví a abrir un libro, de cuánto extrañaba ser yo misma hasta que un amigo que camina junto a mí desde los  nueve años, me llevó a cenar como hace quince, de cuánto me gusta y hace bien escribir…hasta que volví a mimarme con la poesía de los cuentos de Ángeles Mastretta y todo casi en un mismo día…

La emoción de las cosas se llama y es la emoción de la vida, ésa que no quiero que pase por mi costado sin haberla contado, porque la vivo, la observo y la quiero. Es la nostalgia con las palabras justas, los recuerdos sublimes, en la pluma correcta y es casi imposible no encontrar un rincón de uno en alguna página, no superponer nuestros propios recuerdos, nuestras propias nostalgias que nos tiran sonrisas y provocan esas lágrimas dulces que nos abrazan con el recuerdo para darnos calor.

Es domingo,  el barrio amanece tardío y la luz del sol otoñal entra por mi ventanal con un silencio que aturde.  Estoy en mi rincón de paz, mi lugar en el mundo, con  mis libros, mis recuerdos, mis historias entre la madera que acompaña a mi familia desde tantas generaciones, añorando a tantos, algunos de los que me separan mares y continentes enteros pero que comparten conmigo estas sensaciones y tampoco encuentran tiempo…es mi refugio.

Es esa intensidad que le da consistencia a nuestras vidas.

lunes, 31 de diciembre de 2012

2013 y seguimos avanzando.

Venía sola por la ruta, ya comenzando mis vacaciones y en el divagar mental recordé un libro que leí hace algunos años cuyo título era el eslogan de la empresa que lo patrocinó y que decía "la vida te despeina"...pocos mejores logrados. Y aunque a veces pareciera que usara un cepillo de alambre...vale la pena. Cada año que pasa nos hace más sabios, lo cual debería darnos tranquilidad, una renovada paz interior que surge de la certeza de haber hecho lo que pudimos. En el acierto o en el error, un año más, peleamos. 

También recordé el mensaje de los amigos de Dove, que junto a un útil pack, venía en una sobria tarjeta: "ayudaste a las mujeres a sentirse mejor, inspiraste a una amiga, hiciste que más de una mamá se sienta orgullosa de sí misma, emocionaste, abriste un mundo nuevo ante los ojos de muchas, hiciste que algunas crean más en sí mismas". Y...es probable que así sea. Las mujeres tienen la capacidad de mirarse y entenderse, solidarizarse o hacerse cómplices sin decir palabra. El punto es que, digo yo, la vida también te sorprende, y está en nosotros ponerle más peso al signo positivo en el balance anual y no exagerar con las pretensiones para el año siguiente, poniéndonos metas tan difíciles de lograr que nos frustran antes de empezar. Seamos realistas, querámonos más, aceptémonos más, sepamos de lo que somos capaces...

Ojalá el 2013 no deje de despeinarnos y sorprendernos, de reunirnos y hacernos cómplices, de mimarnos el espíritu y alimentarnos el alma, teniendo presente que, más allá de los obstáculos o vías rápidas que nos esperan, somos nosotros quienes decidimos si la dejamos hacer o la peleamos, si la disfrutamos o la sufrimos. Creo que de eso se trata el mensaje que reza "cada año es una hoja en blanco, la historia la escribís vos". 

Un mejor año para todos, sigamos avanzando.


viernes, 30 de noviembre de 2012

Sobre Octavio Morató Rodriguez


Presentación del libro "Dilemas de la intervención estatal en la economía" del Prof. Marcos Baudean.

Hace unas semanas cuando Baudean me pidió que hablara de su libro me dio una doble grata sorpresa, finalmente lo presentaba y me honraba con unos minutos para contarles sobre mi bisabuelo, Octavio Morató, quien ocupa gran parte de su trabajo.

Comentábamos con Marcos que Morató es una persona conocida entre los especialistas en temas económicos, ya que como él mismo lo expresa en su libro “no solo fue una de las máximas autoridades del BROU a lo largo de 20 años, (de un BROU que era el emisor de moneda) sino también  uno de los economistas más influyentes de su época, referente permanente en cuestiones bancarias y financieras y activo participante en múltiples actividades académicas, políticas y técnicas a nivel nacional e internacional.” (pág.147)  Es una persona conocida, entonces, por su trabajo y su aporte, pero pocos conocen su persona. He aquí entonces lo que Marcos me encomienda, presentarles un Octavio Morató que,  en todo caso, explica mucho aspectos puestos en valor en este trabajo. Hay principios, maneras de pensar y vivir que se reflejan en nuestra vida privada y profesional  sin que podamos evitarlo, ni siquiera a veces, percibirlo.

Morató, entonces, fue un hombre que se hizo a sí mismo. Nació en Río Branco en 1871. De joven trabajaba en un almacén, llevando las cuentas, cuando el padre de uno de los que sería de los amigos más cercanos a la familia (hasta el día de hoy) Piaggio, lo insta a estudiar y perfeccionarse.  Se recibe entonces de Perito Mercantil y comienza a trabajar en el Banco Comercial como auxiliar, donde ya trabajaba su hermano. Cuando llega al Banco República, es un hombre con experiencia,  en 1896, como Jefe de la sección Responsabilidades, ocupando la Gerencia desde 1912.  

Entre estos años Octavio Morató Rodríguez se casó y tuvo su único hijo. Se casó con Adela Rodríguez Sanz, quien fuera una de las primeras mujeres feministas del Uruguay, junto con las hermanas Luisi. Esto dice mucho de por sí. Por momentos parece haber sido un hombre fuera de época, por otros, que la entendía a la perfección. Adela era su prima hermana, algo común en aquellos años, lo que hizo que su hijo, llevara su mismo nombre: Octavio Morató Rodríguez. Era una mujer especial, que amó a su marido con la misma pasión con la que luchó por los derechos de su género…y así lo dejó escrito. En las largas jornadas laborales de mi bisabuelo, se mandaban cartas contándose cuánto se añoraban y ansiaban la llegada del descanso para reencontrarse, en un Montevideo que parecía tener horas y distancias más largas, de las que concebimos hoy en día. Tanto fue así, que cuando mi bisabuelo murió, en 1943, ella lo acompañó pocos meses después al no soportar su ausencia. Tomó cianuro, le escribió una carta a su hijo y llamó al hijo de Piaggio, para pedirle que cuidara de Octavito.  

La casa de mis abuelos estaba bañada de su impronta y yo crecí allí con muchas de sus historias. Morató era un hombre de una sensibilidad y una humildad de destacar, Adela una mujer de carácter y firmes convicciones. Una de las anécdotas que más se repetían en la casa de mis abuelos, era que Adela iba a protestar a la plaza de los Bomberos contra la dictadura de Terra y que el propio Terra llamaba a Morató para pedirle que calmara a su mujer porque no quería tener que encarcelarla. Otra, cuenta que mi bisabuelo era muy distraído a veces, dirían unos, que no dejaba nunca de trabajar, dirían otros, y así llegó a saludarse a sí mismo en un tremendo espejo que había al pie de la escalera del Hotel Parisien. 

Raúl Montero Bustamante lo describe en su aspecto de hombre de mundo de manera diáfana, y mucho mejor de lo que yo soy capáz de hacer en este momento, en el prólogo que le dedicara al libro “El mecanismo de la vida económica”, de la siguiente manera: “Demostró su comprensión, su agilidad mental, su sentido político en la alta acepción de esta frase, su clara videncia, y afirmó su posición de economista y sociólogo para quien la economía política no es una disciplina rígida e inflexible, sino una ciencia en constante evolución que debe adaptarse a la realidad del hecho histórico y defender, antes que nada, la integridad física y moral del hombre y de la sociedad. (…) Durante casi cuarenta años platicamos diariamente sobre los más variados tópicos, porque ha de advertirse que era éste un hombre de cultura universal a quien interesaban tanto las ciencias como las artes, y que seguía, además, atentamente, el movimiento general de las ideas y el desarrollo de los sucesos en todo el mundo civilizado. Su biblioteca se nutría constantemente y su pluma no cesaba de correr sobre las cuartillas. (…) Huía de las ideas generales y procuraba, mediante el esfuerzo propio, adquirir y definir el concepto personal y concretarlo en fórmulas precisas que tenían para él, el valor de verdades que defendía con serena convicción; pero no era irreductible a la revisión, y aun a la rectificación de soluciones cuando descubría que su posición ofrecía algún punto vulnerable”.

Baudean se pregunta en su estudio, a raíz de la posición de Morató frente al llamado Pacto del Chinchulín, si era un hombre de política o un burócrata al servicio del Estado. Si bien entiendo que es una pregunta retórica, creo que cabe reafirmar que era un hombre de Estado que, más allá de su filiación colorada, anteponía lo que entendía era para el bien general.  Más adelante, lo expresa directamente Marcos, cuando afirma que para Morató, el ente autónomo es el lugar por excelencia del interés público, entendido como el interés nacional más allá de la divisa.

Perito mercantil, Contador Público, Dr. en Economía Honoris Causa, fue un hombre que se preocupó en estudiar y escribir, además, sobre temas como el alquiler, los conventillos, el ahorro, las casas para obreros, el municipio y la vivienda, sobre la obra de Emilio Reus, entre muchos otros temas recopilados bajo el título “Los problemas sociales”, en 1911. Esta sensibilidad se expresa, por último y también, en la fundación del Club Banco República, de la que es responsable, porque siempre pensó en el bien de sus funcionarios.

No me resta más que agradecer infinitamente a Marcos Baudean por darme esta oportunidad de reencontrarme con mi propia historia, y ofrecer esta obra que intenta, también, lograr hacer aquello que Quijano reclamaba ya en 1966 diciendo que a Morató no se le había hecho la justicia que merecía.

Muchas gracias.


jueves, 15 de noviembre de 2012

¡Por fin lunes!

Y sí...nunca pensaste que algún día lo dirías pero sí...En esta etapa de niños chicos, cuando las maestras te dicen el viernes de tarde "que descansen el fin de semana" sólo podés mirarlas con cara de circunstancia...
Por un lado es probable que para ellas aún sea un descanso y entonces no da ni explicarlo, por otro vos sabés que no vas a parar.

El sábado te dará tregua en cuanto a la hora para despertarte, al menos en el hecho de no tener que vestirte y vestir a tus hijos ya...te podés tomar otro tiempo para desayunar y arrancar...lo que no podrás evitar es el verbo. Que el grande tiene fútbol y hay que ir a la cancha, que el chico se aburre y tenés que perseguirlo para que no se meta en el medio del juego. Que quedaste en almorzar con los abuelos, que en la tarde uno de los tuyos invitó a un amiguito y, no sabés cómo, terminaste con tres. Al mismo tiempo el chico reclama que quiere que lo lleves al parque, que le pongas por enésima vez la peli de Toy Story y le hagas la merienda, ¡todo al mismo tiempo! Cuando despediste al último amiguito y pensaste que podías sentarte en el sillón a cebarte  dos mates en silencio, te das cuenta que tenés que empezar a preparar la cena, correr a tus hijos para que se bañen, cuando no bañarlos vos, darles de cenar y rogar que se desmayen para hacer lo propio a continuación...¡ja! Y todavía fata el domingo...

Si te tocó crecer en una familia tana...te tocó recibir a la familia ¡el domingo!

Vos sabés qué te espera el fin de semana así que es imposible que de tanto en tanto no abraces al lunes como tu salvadora esperanza de descansar (ahora sí) del fin de semana.

viernes, 21 de septiembre de 2012

El mundo en tus manos

Estoy leyendo tres libros bien diferentes, dos de ellos hace ya mucho...porque en el fondo, no los quiero terminar. Así comencé un tercero y sigo sumando en lo que ya va tomando forma de torre en mi mesa de luz. Es que los libros son mágicos y a veces pasa eso...te atrapan tanto, te hacen viajar tan lejos que no querés que ese encanto termine. Ya les conté que viajé por Europa del Este con Milo Dor, que descubrí un México mágico, de colores cobrizos en el tono suave y ondulante de Ángeles Mastretta, un Portugal duro y al mismo tiempo apasionado en la voz de Saramago, otros tiempos, otras miradas, otros sonidos, muchos colores, todos distintos. También viajo en el tiempo y me fascino con otras lógicas, y las entiendo y me divierto, cuando no me asombro y descubro historias detrás de la historia y personajes anónimos que fueron base de sus protagonistas.

Los libros te acercan un mundo, muchos mundos a tus manos, tantos cuantos quieras. Es tan difícil hoy en día, en medio del mundanal ruido de la vida cotidiana, hacerse un rato para leer un libro que casi, ese momento, se ha transformado en toda una ceremonia. Tomarlo en tus manos, abrirlo donde quedaste, sentir el perfume de las hojas...y dejarte llevar por sus líneas. Allá voy...

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Papi y mami

Recibí uno de esos mails que circulan anónimos con sentencias más o menos lapidarias sobre todos los temas que uno pueda imaginar, que hablaba con cierto humor negro, de cómo la relación padres/hijos se ha venido deteriorando en la medida que cambiamos las denominaciones de nuestros mayores.

Entonces cuando el padre era padre la cosa era una, cuando pasó a ser papá la cosa cambió, ya no le pedimos permiso, le informamos decisiones ya tomadas...ahora apareció el papi y entonces sí...se pudrió todo. Estamos en la era del papi/mami en la que los niños piensan que tienen un lugar de igual en la manada...desafían a los 7 como si tuvieran 17 y nos descolocan. Mmmm...pienso. Soy conciente de que en la era del padre/madre a veces se confundía la autoridad con el autoritarismo, la firmeza con la violencia....pero tampoco es razonable que los chicos de hoy tengan un séquito de profesionales atendiéndolos (psicólogos, psicomostricista, fonoaudiólogo) porque los padres (y los colegios) no saben qué hacer con ellos. Entonces ¿el punto intermedio es el papá/mamá? En esta generación nos estamos pasando...creo que eso no admite discusión..., tomando esta descripción, me siento nieta de un padre/madre e hija de un papá/mamá...que ahora es mami de dos y, es cierto, algo pasa con la transmisión de autoridad, la velocidad a la que van (o la lentitud con que reaccionamos nosotros), en definitiva algo pasa y es difícil encontrar el punto de la i...

Algunos creen que explicamos demasiado a nuestros niños, que quizás estaría bueno que algunas decisiones fueran simplemente porque así lo decidimos, sin más. Los niños son nuestro reflejo, si desafían demasiado es porque se lo permitimos. Cuestiono siempre cuando una madre me dice que no puede hacer que su hijo haga los deberes, o se bañe, o se vista en tiempo y forma...si esto pasa es porque ese niño sabe que puede hacerlo. Claro, da más trabajo hacerse cargo y es siempre más fácil echarle la culpa a otros (personas o instituciones). Hay que dejar de decir que la culpa la tiene el tiempo que viven, la sociedad en la que están inmersos o las instituciones educativas. Puede ser que tengan mucho que ver con los cambios que vemos, pero los responasbles primeros somos nosotros mismos, quienes construimos los espacios, que el mensaje correcto llegue es nuestra responsabilidad y esto no solo se manifiesta verbalizándolo, a veces basta con la actitud y las acciones cotidianas.

Si nosotros intentamos ser mejores personas cada día, ellos también lo intentarán, quizás no hoy, tampoco mañana, pero si el mensaje llega en algún momento provocará la reacción esperada. Podemos ser papi o mami sin exagerar y si no perdemos el eje de nuestro rol fundamental: educar.

jueves, 30 de agosto de 2012

Mi hermana y yo (p190)

Si yo no fuera César sería Cristo, el socialista, montaría un asno y cabalgaría hacia Jerusalén con Carlos Marx. La lujuria del poder de los marxistas iguala el ansia de poder de los nietzscheanos, pero prefiero cabalgar a Jerusalén en un corcel árabe que en un asno proletario.