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viernes, 8 de junio de 2012

Latinoamericanización del sur de Europa


Hace unas semanas estaba almorzando con dos europeos, del sur de Europa, que me comentaban que ya se hablaba de la latinoamericanización de esa parte del continente. Conversando con otros, luego, me hicieron el mismo planteo apuntando inclusive al cambio de percepción que ellos experimentan de sí mismos en aspectos cotidianos, como la vestimenta y la educación. Es una expresión que suena desde el vamos como mínimo complicada.

Así, revisando la prensa europea, me topo con un artículo de El País cuyo titular es “Estalla la Euroguerra Fría”, de Claudí Pérez. Un poco fuerte como expresión, aunque se refiere a aspectos económicos y políticos, la metáfora encierra la base de un enfrentamiento entre Grecia, por un lado, y la Unión Europea (léase quizás Alemania), por el otro, que calificarlo de guerra fría resulta provocador.

Queda claro ya, a estas alturas, que la crisis europea, no sólo queda en lo económico y que se profundiza afectando aspectos más subjetivos y tangibles para el ciudadano común, que trascienden el bolsillo de cada uno. El planteo de Naim sobre esta latinoamericanización de Europa (toda ella), pasa por el manejo que se le ha dado a las respuestas políticas y económicas de la crisis. La decisión de cometer los mismos errores de América Latina fue, según este autor, “atender las crisis con medidas parciales y fragmentadas y pensar que es posible posponer indefinidamente las decisiones más impopulares.” Esto es lo que ve que pasa hoy en Europa, “basta ver lo que está sucediendo en Italia (…) para reconocer la experiencia Argentina, (…) pero más temprano que tarde, la realidad se impone y las medidas parciales fracasan. (…) Atacar uno o varios de los males de la crisis dejando intactos a los demás no funciona y prometerle a un país austeridad casi perpetua para pagar las deudas a los extranjeros tampoco.”  Así explicaba el año pasado de dónde salía este concepto  que, hoy constato, se extiende a otros aspectos muy distintos y, quizás, más riesgosos. Aparece la desmoralización, el pesimismo e inclusive el menosprecio entre los propios europeos del norte al sur y del sur hacia este lado, porque no vamos a dejar de reconocer que hablar de “latinoamericanización” refiere a características de estas latitudes (negativas y rodeadas de cierto aire despectivo).

Ahora bien, sin darle demasiado espacio a otras voces que hablan del resurgir de grupos neonazis, de la postura arrogante de Alemania o de la victimización de los griegos, intentemos poner un poco de objetividad en el análisis preguntándonos ¿de qué se trata todo esto? Es difícil no generalizar y mezclar olivas con bananas.

 Europa es y sigue siendo la cuna de la civilización occidental, esto no quita otros aspectos. El norte siempre fue distinto del sur, esto no es de ahora. La referencia a la latinidad, en su origen, hace a las lenguas y culturas que colonizaron esta parte del planeta y, en este sentido, sacando a Grecia, el sur de Europa fue latino siempre, es decir, nosotros somos latinoamericanos por ellos. Teniendo claras estas premisas, avanzamos sobre lo que implica esta latinidad del sur europeo, que no es de hoy y que quizás la crisis solo la puso en evidencia. Hace diez años cualquiera que viajara por Europa y se trasladara de Lisboa a Nantes podía notar ciertas diferencias obvias en cuanto a la pulcritud de las calles, el orden vial, la educación de la gente, la ética exacerbada. Lo mismo si el recorrido iba de Madrid a Ámsterdam, de Roma a Estocolmo o de Atenas a Munich. De hecho, y en el fuero interno cada uno sabrá reconocerlo, solemos sentirnos más cómodos en España, Portugal o Italia que en Suecia o Alemania, es decir, culturalmente hablando estamos más cerca. Y esto no es una casualidad, somos hijos de ellos. No es lo mismo, claro está, son europeos y están en Europa, con todo lo que ello implica. Pero dejo planteada una reflexión: la crisis ¿no puso en evidencia una idiosincrasia que siempre estuvo y que solo quedaba soslayada por la bonanza económica de los fondos europeos? Esto es así en ciertos aspectos porque hoy la latinidad del sur de Europa ya no se refiere solo a aspectos de corrupción política y económica, también comienza a afectar (y aquí es donde pongo el llamado de atención) aspectos que hacen a la moral de la sociedad, psicológicamente riesgosos.

Algunos españoles me han hablado de que la crisis les ha traído cambios hasta en su forma de vestir, que al lado de un alemán, se parecen más a un colombiano/caribeño (interprétese aquí lo que el lector sienta que esto pueda querer decir).  El tema llega a la educación, la desigualdad, quiénes sufren más…todos discursos muy conocidos para nosotros. He aquí la comparación y la identificación con esta idea de lo que es (y claro, generalizada) América Latina. Entonces, hay una trampa en la expresión misma porque no podemos latinoamericanizar lo que siempre fue latino, por un lado, y por otro la idea que se generaliza termina siendo demasiado subjetiva lo que lleva a una desmoralización riesgosa. Es lo que Gordon Brown llamó la “bancarrota moral”, quizás más peligrosa que la presión ejercida por las medidas de austeridad (o gracias a ellas).

Plantear la división de Europa en dos bloques monolíticos, como hace Pérez en su artículo, tampoco ayuda: el estallido de la euroguerra fría está lleno de expresiones exageradamente sensacionalistas del tipo “la salida de Grecia del euro crearía una Somalia en Europa”, “guerra civil”, “vuelta de la desestabilización de los Balcanes”, que aunque sean escenarios posibles (si nos ponemos estrictos, esto es innegable) son evitables y por supuesto, no deseables. Sin embargo hace un planteo que resume lo que quiero destacar en este artículo: el desencanto funciona como una losa que está solidamente incrustada en la ciudadanía, el demos europeo, y va a costar mucho deshacerse de ella. A lo que yo agrego un elemento no menos importante e igualmente peligroso que es la pérdida del espíritu europeísta que ese desencanto trae consigo.

En definitiva, el concepto que encierra la expresión de nuestro título es equivocado porque América Latina y el “mito” que la envuelve desde la mirada europea no sale de una probeta. Lo importante aquí es atacar este punto, ser equilibrado y serio. Saber reconocerse ayuda a ir hacia delante. No se debe permitir que esta idea se incruste y perdure en el espíritu de los europeos del sur y haga mucho más difícil ver la luz al final del túnel, por más lejana que parezca y por más largo que sea el camino que aún quede por recorrer.



Moisés Naím, Diario El País



martes, 29 de noviembre de 2011

ISLANDIA AYER Y HOY

Un poco de historia. Islandia es el último país europeo en formarse como tal. Situado al norte del Atlántico, entre Groenlandia y Noruega, al borde del círculo polar ártico, tuvo sus primeros habitantes en el siglo VIII. Se cree que fueron monjes irlandeses los primeros en instalarse en sus tierras inhóspitas. Si bien no se han encontrado evidencias arqueológicas que lo prueben, alguna historia escrita narra el pasaje de los mismos y su abandono de la isla con la llegada de los vikingos paganos entre los siglos VIII y IX. De acuerdo a su sitio oficial , el Libro de los establecimientos (Landnámabák), del siglo XII, relata detalladamente cómo los escandinavos descubrieron accidentalmente esta tierra. Los noruegos serían los primeros en establecerse, luego de varios viajes de exploración previos, en la actual Reykjavík, hoy ciudad capital . Vikingos de otras partes de Escandinavia y Gran Bretaña llegaron luego para completar la población, lo que sumaría elementos celtas que aún permanecen en su cultura. Islandia es una de las democracias más antiguas del mundo, el Althingi (parlamento y sistema judicial) se estableció en el año 930 al mismo tiempo que se establecía ya un código legal. Con el Althingi surge el Icelandic Commonwealth y el primer tratado internacional, en el año 1022, que regulaba los derechos de los islandeses en Noruega y de los noruegos en Islandia. Es un país cristiano que adopta esta religión pacíficamente bajo la influencia del Rey de Noruega en torno al siglo XI. En los siguientes siglos pasaron de estar bajo la tutela noruega a la danesa que impuso la iglesia luterana hacia el 1500 y el monopolio del comercio, junto con la reducción de poderes e independencia del Althingi. Esto, sumado a varios desastres naturales, destruyó la economía islandesa que vivió un periodo de grandes hambrunas y epidemias que llegaron a reducir su población notoriamente. Para mediados del siglo XIX, el Althingi se restablece como asamblea (rol que mantiene hoy en día), el comercio se liberaliza, se elabora la primera Constitución e Islandia logra el control de sus finanzas, si bien no logrará la independencia hasta 1918: una independencia relativa ya que se mantendrá súbdita de la corona danesa hasta 1940 y la República de Islandia, como tal, no se proclamará hasta 1944. Islandia hoy: su relación con la Unión Europea Islandia es una república de 103.000 km2, con poco más de 300.000 habitantes concentrados en la costa suroeste del país, en su capital Reykjavik (donde se encuentra dos tercios de su población total) y alrededores. Es una república parlamentaria con un periodo presidencial de 4 años sin límite de reelección. A pesar de su modernización económica en los últimos años y el desarrollo del sector servicios, la pesca y sus derivados sigue siendo el principal producto que rige la economía islandesa, representando la mitad de las exportaciones del país . En la última década había logrado uno de los más altos niveles de crecimiento constante en el mundo junto con una baja inflación y un bajo desempleo. Sin embargo la crisis de 2008 golpeó fuerte a esta economía pujante obligando a su Estado a hacerse cargo de los tres bancos más grandes del país (Kaupthing, Landsbanki y Glitnir). Este colapso bancario y la depreciación de la moneda nacional (corona islandesa) dejaron una crisis económica y financiera de la que el país aún no se recupera casi triplicando la tasa de desempleo, que pasó del 3% en 2004 al 8,7% en la segunda mitad de 2010, recuperando el impulso a la baja con 5.9% en el último trimestre de este 2011 . Su relación con el continente, como se ha señalado, es estrecha e histórica sobre todo con los países escandinavos. No forma parte de la Unión Europea pero es miembro de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA por su sigla en inglés) desde 1972, lo que resulta en que dos tercios de su intercambio comercial sean con países de la Unión. Además, es país fundador del Espacio Económico Europeo (EEE) que rige desde 1994, lo que hace que de hecho esté ya muy inserta en la Unión en lo que respecta a su acervo comunitario. Forma parte, también, del llamado Espacio Schengen que permite la libre circulación de personas (para viajar y trabajar) dentro de la Unión, desde el año 2000. Hoy, y desde mediados de 2010, Islandia es candidata oficial de adhesión a la Unión Europea y se preparan para asumir las obligaciones de miembro de la misma. El ingreso del país a la Unión genera dudas en ambas márgenes ya que el rechazo de los islandeses a formar parte del grupo ha sido permanente hasta la crisis que los golpeó en 2009, cuando la posibilidad de resguardarse bajo el paraguas de la Unión y del euro resultó, al menos, atractiva. El pedido de adhesión no dejó de ser sorpresivo y es un hecho que no escapa a los europeos del continente que ven cómo, en los últimos tiempos, la economía comienza a dar signos de posible recuperación y aquélla impulsiva voluntad de pertenecer a la Unión se desvanece lentamente entre la opinión pública. Es claro que la élite política de Islandia no lo tendrá fácil cuando deba defender la adhesión frente a sus electores. El contexto político en el que surge el pedido de adhesión es complejo ya que el gobierno de Geir Haarde, de centro derecha, había dimitido en febrero de 2009 en una coyuntura de crisis económica y política muy fuerte, y se formó un gobierno interino de coalición encabezado por la que quedaría como primera ministra en las elecciones de abril del mismo año, Jóhanna Sigurôardóttir, de izquierda y social demócrata. Es el ala social demócrata la que logra imponer la discusión en el Althingi sobre la decisión de solicitar la adhesión a la Unión y el Parlamento islandés fue representativo de la indecisión general aprobando la solicitud por 33 votos contra 28. Del otro lado del océano, no se puede pasar por alto el hecho de que fuera Suecia quien ostentara la Presidencia rotativa del Consejo y un finlandés el comisario encargado de la ampliación. Como ya mencionamos, el proceso de adhesión está abierto y las negociaciones en marcha. Éstas consisten en 35 capítulos de los cuales casi la mitad ya están cubiertos por la participación de Islandia en el EEE y, de los restantes, al menos tres se presentan muy complicados: la pesca, la agricultura y la caza de ballenas. Por otro lado, existe un contencioso no menor entre Inglaterra y Holanda, contra Islandia, por las pérdidas causadas por el banco islandés Icesave a sus ciudadanos y cuyos gobiernos se vieron obligados a compensar. La discusión sobre si adherir o no a la Unión no es nueva en Islandia y es interesante revisarla ya que el electorado parece haber estado siempre en desacuerdo con la clase política (hasta ahora) que es, en definitiva, su elegida. En un contexto histórico reciente, Jean Jacques Fol , dice que los países nórdicos, en referencia a la política exterior que llevan adelante, podrían distribuirse en dos grupos por una parte, Islandia, Noruega y Dinamarca; por otra, Suecia y Finlandia. Islandia, Noruega y Dinamarca se orientan hacia Occidente, aunque con matices. Islandia y Noruega son más “atlantistas”, y Dinamarca más “europea”. Por su parte, Suecia y Finlandia son estrictamente neutralistas. Por su parte Baldur Thorhallsson , de la Universidad de Islandia, explica el escepticismo histórico de la clase política frente a una adhesión a la Unión Europea a través de tres factores: la influencia del sector primario en la economía combinada con el sistema electoral y el rol de los grupos de interés en la toma de decisiones del gobierno; en el discurso político islandés sobre la independencia y la soberanía y, finalmente, en la ubicación geográfica de Islandia sumado al tratado de defensa que mantiene con los Estados Unidos. Y agrega, desde el punto de vista del electorado, que the willingness of around half of the electorate to apply for the EU membership is explained by the looser connection of the populace with the primary sectors compared with the political elite, the electorate’s greater concern with their economic prosperity than the political discourse of the elite, and the electorate’s anxiety about isolation from Europe, particularly the other Nordic states. Los grupos de interés con más peso en Islandia están relacionados con la agricultura y la pesca y tienen una mayor influencia en este país que en los otros países nórdicos. Esto se explica porque el electorado de las zonas rurales si bien representa una minoría (32%), mantuvo, hasta las últimas elecciones, la mayoría en el Parlamento. El Althingi no había puesto al día la redistribución de asientos con respecto a la representatividad poblacional. También explica Thorhallson que será un cambio progresivo dado que gran parte de la élite política tiene algún tipo de relación con los dos sectores que mueven la economía islandesa, constatando que de cada seis ministros, dos son granjeros o provienen de una región donde estos sectores son importantes. Por otra parte, la tardía independencia de Islandia hace que el discurso a propósito de la soberanía tenga un impacto mayor, una retórica que ha moldeado inclusive el debate político. Durante el siglo XX un rol fundamental de la clase política ha sido lograr, primero y mantener luego, la libertad y la soberanía. Cabe destacar, además, que Islandia es de los países europeos, el más homogéneo en todos los niveles y, a nivel político, esta nación debe mantenerse unida. En este sentido la participación en el espacio económico europeo y en el espacio Schengen se presentó no como una transferencia de poder a Bruselas sobre algunos aspectos específicos sino como una participación de Islandia en algunas áreas de la Unión, al punto de que el gobierno que negoció la entrada en Schengen fue como una especie de salvador que lograba que los islandeses pudieran moverse libremente dentro de la Unión y sobre todo, a través de los otros países nórdicos. Por último, mencionamos la importancia geoestratégica de Islandia y un relacionamiento especial con Estados Unidos que dificulta y hace dudar a la élite política sobre la aproximación a Europa. Islandia fue un importante enclave geoestratégico durante la Guerra Fría, en el medio de lo que se llamó el GIUK-gap (Groenlandia-Islandia-Reino Unido). Esta situación geográfica ha hecho que Islandia base su política de seguridad y defensa en el tratado de defensa firmado con Estados Unidos (1951) y su participación en la OTAN. De esta manera los partidos políticos y su élite mantienen cierta resistencia a extender la participación de su país en el capítulo de la política de seguridad y defensa de la UE, en la medida de que su defensa se encuentra asegurada por los Estados Unidos. El problema de la crisis y la banca no deja de ser un ítem que preocupa a la UE ya que las medidas tomadas por Islandia aún no satisfacen a las víctimas continentales de la quiebra de los tres principales bancos islandeses. Claudí Pérez resumía en un párrafo lo sucedido para el diario El País, en abril de este año: (…) bajo el influjo de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, el país se convirtió en la quintaesencia del modelo liberal, con una política económica de bajos impuestos, privatizaciones, desregulaciones y demás: la sombra de Milton Friedman, que viajó durante esa época a Reikiavik, es alargada. Aquello funcionó. La renta per cápita se situó entre las más altas del mundo, el paro se estabilizó en el 1% y el país invirtió en energía verde, plantas de aluminio y tecnología. El culmen llegó con el nuevo siglo: el Estado privatizó la banca y los banqueros iniciaron una carrera desaforada por la expansión dentro y fuera del país, ayudados por las manos libres que les dejaba la falta de regulación y por unos tipos de interés en torno al 15% que atraían los ahorros de los dentistas austríacos, los jubilados alemanes y los comerciantes holandeses. Una economía sana, asentada sobre sólidas bases, se convirtió en una mesa de Black jack, sentencia al final. Cuando cayó Lehman Brothers fueron de los primeros en entrar en el colapso financiero mundial. Como les pasó a otros, la inflación trepó descontrolada, el desempleo se multiplicó rápidamente, el PBI cayó 15% y los bancos perdieron más de cien mil millones de dólares…El Icesave, una banca de ahorro operada por el Landsbanki, concentraba los ahorros británicos y holandeses y, cuando el gobierno permite el quiebre de los bancos y los nacionaliza, decide consultar por referéndum la devolución del dinero. De por sí, esto generó polémica en Europa, más cuando el resultado fue negativo: Holanda e Inglaterra debieron hacerse cargo de 4.000 millones de euros, que sus nacionales reclamaban les fueran devueltos. Esto estancó las negociaciones de entrada de Islandia a la UE. En definitiva, Islandia hoy en día sufre las consecuencias de la crisis económica que también afecta a Europa continental, obligada a tomar medidas de severa austeridad, a partir del rescate del FMI, con la clásica receta de más impuestos y menos gastos, aumentos del IRPF y del IVA, pero que compensa con un aumento de sus exportaciones (a partir del desplome de la corona) lo que igualmente permitirá un crecimiento del 3% de la economía islandesa en este año. Es como si el país volviera a sus orígenes, retrocediera 10 años atrás, con la apuesta en la pesca y la industria del aluminio. El futuro es incierto aunque queda claro que Islandia deberá trabajar duro para solucionar los pocos, pero importantes, obstáculos que le impiden aún ingresar a la Unión, por un lado, y para convencer a su electorado de los beneficios que implica sumarse al proyecto europeo, por el otro . En este sentido, la propia Unión se ha comprometido, a través de la Comisión, a realizar una campaña conjunta para explicarle a la población dichos beneficios: una estabilidad financiera que la isla necesita y mucho; un crecimiento del mercado de exportaciones y la participación directa en la toma de decisiones. No será tarea fácil, Islandia le teme al ingreso de pesqueros comunitarios a sus aguas territoriales y la competencia que esto implicaría; la caza de ballenas deberá ajustarse a las normas comunitarias afectando una tradición antiquísima de la isla; el problema con Inglaterra y Holanda deberá quedar saldado y ajustar el déficit y la deuda a las exigencias de la UE (Criterios de Copenhague) se presentan como duros desafíos. Bibliografía - FOL, Jean Jacques. 1984. “Los países nórdicos en los siglos XIX y XX.” Ed. Labor. Barcelona. - GOODEVE, Emily. 2005. “Iceland and the European Union. An in-depth analysis of one of Iceland’s most controversial debates.” En Scandinavian Studies. N°77 (p. 85-104). - GRANELL, Francesc. 2009. “El proceso de ingreso de Islandia a la UE como reto para la Presidencia española.” ARI N° 158/2009. Real Instituto Elcano. - KATSIOLOUDES, Marios; THORDARDOTTIR, Steinunn; BALSMEIER, Phillip. 1996. “Iceland drifting towards International integration: the pros and cons of joing the UE”. En International Journal of Commerce & Management Vol. 6 N°3&4 (p. 41-56). - PÉREZ, Claudi. 2011. “Islandia enjaula a sus banqueros: la primera víctima de la crisis financiera hace un valiente intento de pedir responsabilidades.” Reportaje diario EL PAÍS (03/04/2011). - THORHALLSSON, Baldur. 2002. “The Skeptical Political Elite Versus the Pro-European Public: The case of Iceland”. En Scandinavian Studies N°74 (p. 349-378). Sitios web consultados: http://eeas.europa.eu/iceland/index_en.htm http://europa.eu/rapid/pressReleasesAction.do?reference=IP/11/1215&format=HTML&aged=0&language=EN&guiLanguage=en http://ec.europa.eu/enlargement/candidate-countries/iceland/key-documents/index_en.htm http://ec.europa.eu/spain/novedades/ampliacion/ampliacion-islandia-union-europea_es.htm www.iceland.is www.statice.is

jueves, 14 de julio de 2011

MITTELEUROPA: Un paseo de la mano de Milo Dor (Segunda parte)

El Sur: Istrie, Venecia, Toscana, Lombardia, Trieste.

El sur para Milo Dor representa, por sobre todo, el mar. Un mar del que siente nostalgia “cual pez en la tierra” y hacia el cual, apenas llega la primavera, parte a su encuentro.
Siguiendo el orden cronológico del libro, Istrie es el primer destino de viaje. Aquí se encuentra la calma, se encuentran las culturas croata, eslovena, italiana. El autor nos propone un repaso histórico de las diferentes conquistas que sufrió la península a través de los rasgos y estilos arquitectónicos que fueron dejando su marca al paso del tiempo. Istrie es uno de los pocos sitios de Europa en donde la historia mantiene una presencia que la hace evidente y accesible. Es para nuestro guía, el mejor lugar de reposo.
Por su parte, Venecia representa para Milo Dor, todo aquello de lo que el hombre es capaz. Una ciudad que no le es extraña a ningún visitante aunque no más sea por haber sido tan retratada por diferentes autores, tan fotografiada y pintada por innúmeros artistas. Nos recuerda que su nacimiento se debió a la inteligencia y destreza de los primeros habitantes que llegaron a las islas escapando de los bárbaros que invadían Italia desde el norte. Así, se juntaron habitantes de Padua, Verona, Vicenze, lombardos…habitantes que hicieron de Venecia el mayor imperio comercial de la Edad Media. Aprovecha aquí, para llevarnos al pasado y nos pasea a través de la historia en una disertación clara que nos explica el auge y decadencia della bella citá. Repasa los rastros que quedan hoy presentes en una arquitectura suntuosa y teatral que se ve representada también en las ropas y máscaras del famoso carnaval de Venecia.
Aquella sensación de haber ya estado en la ciudad de los grandes canales que le provoca al primer visitante, también la puede sentir al llegar a la región Toscana. No solo reconocida por la producción del tradicional y uno de los mejores vinos del mundo como es el Chianti, sino también por haber albergado una civilización que desapareció sin dejar grandes rasgos como son los Etruscos. Milo Dor, nos lleva a través de las diferentes teorías del misterioso origen y desaparición de este pueblo singular. Vemos un poco del Milo Dor hombre para el cual el mayor triunfo de la vida está representado en dos cuadros que muestran el fin de jornada de un matrimonio que luego de tomar un baño, se acuesta a dormir. Una escena por demás sencilla, por demás común, pero que le inspira confianza en lo que debe ser la vida: amor. No es solo la historia, nuestras raíces, nuestro pasado, también es nuestro cotidiano, también podemos encontrar nuestro SER en los actos más simples y rutinarios del día a día.
Sobresale además un problema que sufren no solo las pequeñas aldeas toscanas mas todas las pequeñas aldeas europeas, y nos llama la atención al respecto. Apenas quedan algunos ancianos cuando no están completamente abandonadas….A pesar de ello, nos dice nuestro guía, los comerciantes van a la ciudad, los paisanos trabajan la tierra, los artistas tienen sus ateliers y frente a la puerta de la ciudad un grupo de niñas juega a la rueda rueda: es un escenario de calma y felicidad.
Lo que más sobresale del pasaje por Lombardia es el recuerdo que le surge de su infancia pasada en la región del Banat. No solo por el paisaje monótono sino también por su gente poco locuaz que guarda características muy similares. Es una zona campesina que también ha tenido su lugar en la historia, a la que pocos jóvenes regresan pero que se mantiene viva a pesar de no ser destino de muchos turistas.
Más marcante resulta entonces la visita a Trieste. Ciudad que le parece a nuestro autor, más austriaca que muchas ciudades actuales de aquel país. Quizás sea por ello que se siente tan en casa como en Viena. A pesar de quedar pocos rastros del periodo romano se puede encontrar su presencia, una vez más, en su arquitectura. Realza la importancia de un puerto que supo ser, que ya no es y que intenta volver a ser. Nos cuenta su relación con Viena en otros tiempos, no solo comerciales mas también en el área de la ciencia, de la psiquiatría específicamente. Nos desvía un poco del recorrido histórico para poner como ejemplo un trabajo que encuentra excepcional hecho a nivel de esta área del estudio humano. Plantea aquí, uniéndolo al trabajo psiquiátrico, y dado que lo asume como una enfermedad mental, un tema que retomará luego, pero que ya vimos, que es el del nacionalismo. Trieste fue uno de los centros del movimiento fascista. Con habitantes croatas, eslovenos, italianos, pasó de mano en mano, entre Yugoslavia e Italia, queriendo cada uno resaltar un fuerte nacionalismo interno.
Trieste marca así, para Milo Dor, una gran lección que es, en definitiva, la que intenta dar a lo largo de todo su libro. Los pueblos de costa septentrional del Mediterráneo y del espacio centro europeo están hechos para entenderse, más allá de los nacionalismos, de las religiones y de las ideologías. Entender esto significa, para él, haber aprendido la lección, haber aprendido de los errores y poder enfrentar un futuro en común.

Voivodina, Dubrovnik y el Danubio

Voivodina y Dubrovnik representan la infancia y primera juventud de Milo Dor. Haber crecido en un paisaje de planicie inmensa donde causaba impresión “no tener donde esconderse” marcaron al autor en la medida que resiente hoy esa inmensidad que tanto busca en sus rencuentros con el también inmenso mar cada vez que se dirige al sur. Una tierra que fue turca, austro-húngara, serbo- croata-eslovena, para acabar yugoslava al momento de nacer nuestro guía. A la vez que nos relata los hechos históricos nos cuenta un poco de su vida, de su padre, hechos personales que junto con la historia formaron su primera infancia. Le da un rostro humano a los acontecimientos históricos que nos podían parecer en exceso abstractos. Cuando regresa a su tierra, Milo Dor encuentra el conflicto de las minorías, se reencuentra con sus ancestros, se enfrenta a la americanización, a la melancolía, a la tristeza, a la mezcla de lenguas y culturas eslavas, se encuentra con un pasado que fue y al que no quiere volver: “no tengo más nada que hacer aquí” acaba diciéndonos…
Cada uno de nosotros tenemos nuestros puntos de referencia que marcan el camino de nuestra existencia. Uno de esos puntos es para Milo Dor la ciudad de Dubrovnik. Un sitio que supo conquistarlo poco a poco, transformándose en cierto modo, en su lugar. Un sitio que le provoca buenos recuerdos, donde la historia se vive como el presente, un punto fronterizo ubicado en la punta más meridional de Croacia. Es este un capitulo cargado de historia, una parte de su historia que le es placentera y así nos lo trasmite. Una ciudad que da pena abandonar.
El Danubio es lo que para Milo Dor debiera representar Europa: la unión de numerosos países y pueblos. Es un destino del que no ha podido escapar, un río que baña las costas de las tres ciudades que marcaron la vida del autor, Viena, Belgrado y Budapest. Es el lazo que conforma un triángulo amoroso en cuyo centro está gran parte de su vida. Es el río que otrora separó, que sirvió de frontera mas también de vía de comunicación. Es esta la que debe mantenerse como función primordial.

Mitteleuropa

Toustain Du Lac decía, citando a Gyogy Conrad, que el hombre « mitteleuropeo » es aquel al cual la división del continente lastima, toca, molesta, inquieta y oprime. Para este autor es un mito en términos políticos pero muy real en términos culturales, como concepto que une tres grandes civilizaciones: la occidental, la eslava ortodoxa y la herencia del Islam del Imperio Otomano.
Para Milo Dor, la Mitteleuropa es su patria, a su vez, su patria es Europa. Cada uno tiene su propia visión. Por un lado los polacos y húngaros, por otro los franceses y alemanes, los propios intelectuales. Según Dor, es un concepto que ha sido reinventado a lo largo del tiempo de acuerdo a la puesta al día. Para él uno de los rasgos de su mitteleuropa es el estado plurinacional, tomando como ejemplo la Yugoslavia de Tito, que no defiende pero de la que saca una lección: los pueblos no son capaces de convivir pacíficamente. Lamenta la decadencia de las construcciones multiculturales y los Estados plurinacionales en ese sentido. La presencia de una comunidad judío-alemana, que estaba instalada en todas partes, hizo que fuera un contributo fundamental a la creación de la cultura centro europea. Es un ingrediente, junto con el idioma alemán, esencial a la existencia de este concepto.

En definitiva, más allá de la realidad, la mitteleuropa es también un sentimiento, una forma de sentir una parte de Europa, y eso es lo que nos transmite Milo Dor en su libro. La cultura y la historia se transforman en un valor agregado de estos países que tienen un origen común que no debemos olvidar y que el autor nos recuerda permanentemente a lo largo de todo el viaje. Es el intento de preservar lo bueno del pasado, con un rostro más humano, que debe unificar para el futuro. Mitteleuropa no es únicamente un espacio geográfico, es mucho más que eso, es también una cultura común, una historia común, es toda una comunidad que forma parte de un espacio aún mayor que es el continente europeo.
Milo Dor nos lleva en un viaje a través de palabras que provocan en nuestra imaginación un sinfín de imágenes, nos invita a conocer lugares, nos propone música y poemas de lugares que han pasado por encantos y desencantos pero que no por ello dejan de ser maravillosos. Es otra manera de ver “la otra Europa”, una manera que le hace mucha falta…

Bibliografía

Dor Milo. 1996. Mitteleuropa. Mythe ou Realite. Itália. Fayard
Matvejevic Predrag. 2003. L’Europe et l’Autre Europe.
Du Lac Toustain. Miteleuropa : permanence d’un concept ?
Beller Steven. 1991. Reinventing Central Europe. Centre for Austrian Studies.
Reisenleitner Markus.1998. Tradition, cultural boundaries and the constructions of spaces of
Identity.

miércoles, 6 de julio de 2011

MITTELEUROPA: Un paseo de la mano de Milo Dor (Primera parte)

Es lo que nos propone este autor con su libro “Mitteleuropa, mito o realidad”. Un paseo a través de poco más de 200 páginas en el que nos cuenta sus vivencias, su manera de sentir cada lugar, algunos recuerdos, todo mezclado con una magistral clase de historia. Es Europa Central a flor de piel…Istrie, Venecia, Voivodina, Dubrovnik, Toscana, el Danubio, Lombardia, Trieste, Belgrado, Budapest, Viena, Praga…es la Europa central de Milo Dor.

Poco podemos decir de este autor, no más que nació en Budapest en 1923, que fue educado en la zona yugoslava de Banat, que se instala en Belgrado para terminar haciendo de su casa la ciudad de Viena. Sufrió el exilio después de haber sido expulsado de la Universidad por sus actividades políticas en 1940 y de haber sido arrestado dos años más tarde antes de ser deportado a la ciudad austriaca. Milo Doroslovac, como es su verdadero nombre, se va dejando conocer a medida que se avanza en el viaje, dejándonos ver su interior al llegar a los últimos destinos. Así vamos a conocer primero al autor y luego lo que nos dice, haciendo un repaso un poco desordenado del orden cronológico que nos propone en su libro.

Praga
Quizás la ciudad del antiguo bloque del este que más ha sufrido la degradación arquitectónica del régimen comunista, quizás la ciudad en la que el autor encuentra más rastros de historia por ser centro que une el norte con el sur, el este con el oeste, en la que se ve y se siente el pasaje de décadas de descuido, de abandono, en la que nota el cambio desde su primer visita en 1938, a la última ya luego de la caída del muro de Berlín. “Praga fue para mi una ciudad llena de luz, de caras radiantes que miraban el futuro con confianza a pesar de la amenaza que representaba la Alemania de Hitler” declara el autor. Cuando resulta invadida por Alemania, Milo Dor sale a las calles de Belgrado a protestar contra tal atropello. Era estudiante liceal y fue la primera vez que se enfrentó a la autoridad. Queda clara la importancia que representa esta ciudad no solo en términos históricos sino como el inicio de la actividad política que desarrollaría después. En 1946 vuelve a una Praga a la que la guerra no había logrado quitarle el entusiasmo y la confianza que provocaba la libertad recién recuperada: “estaba fascinado con la animación de las calles” dice el autor. Un ánimo que duraría poco hasta que los comunistas llegaran al poder y allí se quedaran por más de cuarenta años. Milo Dor no volvería a Praga hasta entrados los años 80. En esta tercera visita nuestro guía sentirá el peso de un gobierno represor que había hecho desaparecer la alegría de las calles en las que ahora solo reinaba el silencio. A pesar de respirarse un aire tenso, obtendrá de esta visita una vivencia que no olvidará: por un segundo se darán determinadas características climáticas, de luz, de paisaje que lo harán sentir que se encuentra en el sur, más precisamente en Italia. ¿Por qué es relevante? Porque durante todo el transcurso del viaje (léase libro), Milo Dor intenta mostrarnos una Europa única, en la que hasta los pueblos que menos nos parecen influenciarse tienen cosas en común, más allá de la historia, rasgos culturales, lingüísticos, etc. El propio Milo Dor no se asume húngaro, austriaco o yugoslavo, sino europeo él mismo. Cuando vuelve, años más tarde, intenta recuperar la experiencia. Praga había recuperado la vida, la opresión que había sentido en su última visita había desaparecido. Nos la presenta como una ciudad invencible, cuyo pueblo cayó y se levantó una y otra vez. Vemos aquí, también, el Milo Dor político que lamentó el ataque fascista, que lamenta la destrucción comunista, pero que a su vez, puede ver más allá y mostrarnos a través de las letras la poesía que encierran ciudades llenas de sufrimiento, llenas de historias de luchas y desencuentros, un Milo Dor que lamenta la separación étnica, la lucha religiosa, porque todos son uno y parte de la misma cosa.

Belgrado, Budapest, Viena.
Son las tres ciudades que marcarán la vida de nuestro guía, un triángulo amoroso al borde del Danubio que le dejarán huella, cada una a su manera. Su llegada a Viena fue accidental, en 1943 siendo prisionero en Serbia es deportado a esta ciudad austriaca a un campo de trabajo forzado. Allí se quedará, primero obligado, luego por decisión. Nos cuenta cómo encuentra en Viena su casa (son chez soi) luego de pasar un largo periodo aprendiendo a conocerla y a quererla. Como capital cosmopolita y multicultural, dice, hasta un serbio como él, parte griego, nacido en Hungría y educado en Yugoslavia, podía sentirse en casa.
“Cada ciudad se reduce para cada uno de nosotros a algunos detalles que tienen un significado particular” dice Milo Dor, y son esos detalles los que nos cuenta en este destino, el significado particular que cada una de las tres ciudades tiene para él.
Es en Budapest donde encuentra la mejor vista sobre el Danubio, y donde nace en 1923, casi por accidente ya que apenas semanas después es trasladado a la ciudad que siente realmente como propia, Veliki Bečkerek, en Yugoslavia. A pesar de ello su ciudad natal no le es tan extraña como podría parecernos por las innumerables historias contadas por su madre que la mantuvieron presente a lo largo de su juventud. Nos presenta a los habitantes de esta ciudad particularmente abiertos a las novedades y nos muestra un país en el que la comunidad judía tuvo gran importancia en lo que se refiere a su crecimiento económico, un país en el que se siente y se ve el pasaje turco, un país, finalmente, que siempre miró al oeste a pesar de sus ancestros haber llegado del este. La puerta de entrada a ese “oeste” se encuentra en Viena.
Milo Dor encuentra varias razones por las que puede ligar Viena a su vida, pero por sobre todas las cosas explica cómo un sentimiento de confianza que invadía a sus padres, esta capital de un imperio que fue, hizo que terminara allí. Por alguna razón la encontraban un lugar seguro para esperar el fin de la guerra. Sin embargo, dice el autor, algo salió mal, es arrestado y solo por azar es que sale vivo. Obviamente al acabar la pesadilla solo quiere hacerse de un poco de dinero y salir de allí. Lo que no era tan obvio es que, una vez con todos los papeles en regla y el dinero suficiente para emigrar a los Estados Unidos, decidiera dejar pasar el barco y quedarse en Viena.
“Nuestra ciudad es una amante infiel (…) perversa, que llora sus amantes cuando los maltrató toda la vida” nos dice, así fue que Viena lo convenció de quedarse. Y parece no haberse equivocado, lo que nos cuenta de Viena, de su barrio, nos transmite calma, una sensación de espacio agradable, cultural, de “petit quartier mignon”, nos trasmite el amor que siente por ella, nos invita a conocerla. Es un pasaje en el que Milo Dor se muestra más débil en el sentido más positivo de la palabra. Todo el relato es como una poesía a la Josefstadt, su calle. Casi un homenaje al barrio que supo recibir personajes célebres, comunidades diferentes, un mundo multicultural…un barrio que representa Austria. Al decir de Jorg Mauthe, ser austriaco no es una nacionalidad, es compartir una visión del mundo. En definitiva Viena es su casa, su tierra y todo lo que ello representa.
Al hablarnos de Belgrado evoca recuerdos de infancia, de tardes frescas de verano, de corsos y charlas de libros, de cines y teatros. Nos pone frente a la librería en la que soñaba ver algún día uno de sus libros y si bien se encuentran hoy allí en versión serbo-croata, la felicidad que ello le inspira ya no es comparable con aquella que hubiera sido en aquel momento. Esta ya no es su casa…Belgrado es una ciudad en la que la poesía de otras es más difícil de encontrar, una ciudad que aún no ha resuelto muchos de sus innúmeros conflictos, donde la vida se hace difícil. A lo largo de la historia se vio destruida por todos los invasores posibles y reconstruida una y mil veces. Hoy lucha con la cantidad de habitantes, de inmigrantes que llegan a diario de ciudades y países vecinos a probar mejor suerte. Comunidades que se mantienen separadas, distantes las unas de las otras, una crítica que deja clara Milo Dor cuando la compara con una gran ciudad norteamericana donde los inmigrantes cultivan sus viejas tradiciones y tratan de imponerse unas colectividades a otras, donde cada uno intenta obtener lo mejor para sí…Plantea una “americanización” excesiva y sin ningún encanto.
Aparece aquí también el Milo Dor político, comprometido, crítico. Existen en Belgrado una docena de partidos políticos. Si bien se distinguen por el nombre, nos dice el autor, no se puede constatar ninguna diferencia notoria entre ellos porque se disputan los sentimientos nacionales y religiosos de los electores. Como en todos los Estados liberados de la presión comunista, la balanza pesa para el lado del nacionalismo que, en Serbia, se confunde con la iglesia ortodoxa nacional. Son ideologías nacionalistas que terminan siendo agresivas que obviamente acaban por enfrentarse con las otras ideologías nacionalistas agresivas de los otros pueblos yugoslavos. Es la guerra, las masacres…el odio étnico, el egoísmo…Es lo que podemos ver en los filmes de Kusturica, solo que él nos lo muestra como actor, Milo Dor nos lo presenta como espectador que sufre desde afuera.

En la segunda, y última parte, viajaremos junto a Dor por el sur y reflexionaremos con él de qué hablamos cuando hablamos de Mitteleuropa.

jueves, 23 de junio de 2011

¿Conservadores, cómodos o apáticos?

“El país del más o menos” se tituló un artículo publicado por el diario El Observador, con la firma de Juan Carlos Doyenart, en el que su autor intenta encontrar el porqué de esa aparente mediocridad, del aparente quietismo frente a las cosas que tenemos los uruguayos en un pasado glorioso que creímos duraría para siempre. Somos el “Uruguay del más o menos, dice, ese que hace las cosas a medias, que no se profesionaliza, no se especializa en ninguna actividad, que picotea un poco de cada cosa, que cuida su chacrita y finalmente espera que el Estado le resuelva sus problemas...”.

Yo me pregunto, ¿no seremos conservadores? ¿No será que mantenemos un conservadurismo tradicional de un tiempo que no es en el que está inmerso hoy el país y chocamos frente a la realidad negándonos a bailar al compás del mundo? Podría decirse que ese “país del más o menos” es el reflejo del miedo a los cambios, del querer mantener la línea de aquél Estado “benefactor, grande y rico, que solucionaba todos nuestros problemas”. El uruguayo parece preferir siempre el camino más largo, el que es lento, pero seguro. Cambiar sí, pero sólo lo necesario, vamos a no arriesgar...

Quizás me equivoque y lo que debería preguntarme es si no seremos muy cómodos. También es cierto que el uruguayo está muy mal acostumbrado a esa sobreprotección estatal que aún se mantiene en muchos aspectos. Hasta el día de hoy la primera reacción del Estado frente a una situación adversa sigue siendo la de proteger a sus inamovibles funcionarios. Cambiar cuesta y a veces también es arriesgado, claro está que es más fácil seguir en ese “más o menos” que tratar de pasar al “más” con el riesgo de terminar en el puro “menos”...El problema es que el cómodo también es miope y no ve que quedándose en ese “más o menos” se dirige, de todas maneras, aunque más despacio, al más puro “menos”... y entonces así, “podemos seguir culpando al juez de nuestras desgracias”...

Ahora bien, si me vuelvo a equivocar y resulta que lo que somos es apáticos, el asunto ya es más grave. Quizás ese “país del más o menos” refleje un total desinterés del uruguayo de evaluar hacia dónde nos dirigimos, los resultados, lo que votamos, lo que no votamos. Quizás refleje el descreimiento, sobre todo de las nuevas generaciones, en la clase política y sus líderes, en todos aquellos que tienen la posibilidad de hacer algo, porque no existe el altruismo y el precio por querer ser y hacer distinto puede ser caro...

Cualquiera sea la “opción”, creo que está claro que no es buena y nos está llevando por mal camino. Debemos volver a participar, renovarnos, abrirnos, respetarnos a nosotros mismos y al de al lado, respetar su tiempo y su trabajo, encontrar aquello en lo que somos buenos y fomentarlo, apoyarlo, prepararnos, ser los mejores...Es la única forma de poder competir, la única forma de entrar al baile y poder bailar...a compás.

domingo, 12 de junio de 2011

Abdou Diouf y la francofonía

La cadena francesa TV5 emitió hace algunas semanas un documental llamado Abdou Diouf: un destin francophone. Es un repaso sobre su vida y lo que para él significa la francofonía, un verdadero francófilo que dirige hoy, y desde 2003, la Organización Internacional de la Francofonía (OIF). Se ve aquí, más allá de su vida política como Presidente de Senegal durante 20 años, al hombre, su Ser.

La OIF da marco a una solidaridad activa entre los 75 Estados miembros, lo que representa más de un tercio de los Estados parte de Naciones Unidas. La francofonía no sólo representa el compartir el uso de un idioma común, el francés, sino, como el propio Diouf lo resalta, el compartir valores que son universales, toda una cultura, una manera de vivir y ver el mundo basada en un elemento fundamental: la diversidad.

Con sus casi dos metros de altura, su modo lento y pausado de hablar, su mirada reflexiva, Abdou Diouf impone, sin embargo, un respeto afable y la clara sensación de estar frente a quien ha vivido y aprendido: Je me sens apaisé, au même temps plein de vie, je me sens gagné par ce qu'on peut appeller la sagesse. Je suis a cette période de ma vie oú j'ai vraiment la sagesse issu de cette longue experience que j'ai eu de la vie publique, de la vie sociale, des réussites et des échecs et au total, quand je mésure le chemin parcourru je dis que finalment ça n'a pas été si mal, dice Diouf, a sus 75 años, manteniendo un grado de humildad que solo aquél que está seguro de sí puede manifestar sin problemas. Rescata las cualidades humanas de las personas con quien se ha cruzado así como de aquellas con las que ha debido lidiar en el terreno político, tanto en Senegal como en Francia, demostrando una sensibilidad que normalmente resulta difícil de reconocer en estas arenas.

A través de su propia historia y del recorrido hecho hasta llegar a la sede en Paris de la OIF, a pedido del entonces Presidente Jaques Chirac, deja clara la importancia de actuar para que el francés, su idioma, no pierda terreno internacional sin que sea ésta una lucha contra el inglés, ya que no se trata sólo de un tema de lenguas mas sí contra la hegemonía de una única cultura o un único idioma, sea cual sea éste. Diouf representa todo aquello por lo que la francofonía lucha, un africano que supo rescatar lo que de la colonia le era útil, de un país que se independizó pacíficamente y eligió, sin traumas, utilizar el francés como idioma oficial, reconociendo que para países que a veces llegan a tener hasta 300 maneras distintas de comunicación interna, contar con una herramienta unificadora como ésta es una bendición. Un hombre musulmán, casado con una católica y que tiene hoy, en su familia, representadas al menos tres religiones, sumada la judía, practica la diversidad en todos los terrenos de su vida. Elegido y reelecto en sucesivas ocasiones democráticamente que lo llevaron a gobernar su país por dos décadas, Diouf representó un ejemplo para todo el continente el día que perdió las elecciones, ya en el 2000, y se apuró a reconocer su derrota retirándose en paz del sillón presidencial. Es decir, no sólo se trata de promover el francés como idioma, se trata de defender la democracia, los derechos humanos, privilegiar la paz, la diversidad cultural, la educación a partir de una lengua común, que cualquier francófilo definirá como rica y consistente, mágica y musical.

Con estas breves palabras es que recomiendo a quien tenga la posibilidad de entender este idioma, disfrutar durante una hora de este video, disponible en Internet (http://www.dailymotion.com/video/xfgegp_abdou-diouf-un-destin-francophone_news) que nos confirma que hay otros mundos, otras maneras de vivirlos y de verlos y que nos permite descubrir a Abdou Diouf, en toda su humanidad. Un hombre que se define a sí mismo en sus palabras finales diciendo: J'ai beaucoup appris, j'ai beaucoup reçu, ce que je voudrai c'est pouvoir transmettre mon expérience, ce que je voudrai c'est que les hommes aient d'avantage de volonté...Vous savez, Socrates a dit "connais-toi toi même et devient qui tu es": ça doit guider la conduite de tous les hommes pour qu'ils aillent plus loin, ce n'est pas le chemin qui est difficile mais le difficile qui est le chemin...

jueves, 12 de mayo de 2011

Schengen y la libre circulación en la UE

Una de las noticias que ocupó (y ocupa) estas semanas, a la mayoría de los diarios europeos tiene que ver con el encuentro, el martes 26 de abril pasado, en Roma, del presidente de Francia, Nicolás Sarkozy y el premier italiano Silvio Berlusconi, en torno al tema inmigración y la necesidad de reformar el acuerdo de Schengen que permite la libre circulación dentro de la Unión Europea.

Es uno de los capítulos de la situación que mueve al norte africano y que abre nuevos capítulos en la interna europea.

Desde los primeros años de 1990, fueron desapareciendo las aduanas de los puestos fronterizos y los controles de identidad se fueron suprimiendo en trece países pertenecientes al llamado espacio Schengen.

Hoy para viajar en el interior de 22 de los 27 países de la Unión Europea, basta con poseer una cédula de identidad válida o un pasaporte nacional válido (1). Desde 1995, los controles de identidad fueron progresivamente suspendidos en las fronteras internas del espacio Schengen, que se extiende a lo largo de la Unión, con excepción del Reino Unido, Irlanda, Rumania, Chipre y Bulgaria; más Suiza, Noruega, Liechtenstein e Islandia.

Actualmente, los Estados miembros de la UE proporcionan un pasaporte europeo a sus ciudadanos que sustituye al pasaporte nacional y puede ser utilizado para viajar en el mundo entero.

La libre circulación de personas es una realidad en la UE. Los controles de policía y de aduana desaparecieron en las fronteras de los países del espacio Schengen(2). Los controles sin embargo, se efectúan en las fronteras exteriores de la UE. Una persona que se encuentre en un Estado miembro podrá pasar las fronteras hacia otros Estados miembros sin problemas, lo que implica, solidaridad y confianza entre los Estados de la UE, cada Estado es responsable de los controles en sus fronteras con respecto a un tercer país y garante no sólo de su propia seguridad sino de todo el espacio de la UE. El refuerzo de los controles de las fronteras externas de la UE, compensa la desaparición de los mismos en las fronteras internas y requiere de esta manera una cooperación reforzada de las administraciones del interior, de la justicia y sobre todo, de los servicios policiales, de aduana y de inmigración. Esto quiere decir que los no europeos que ingresan en un Estado miembro del espacio Schengen pueden circular sin control a través de los países Schengen con una cédula de identidad o el permiso de estadía.

Con respecto a la inmigración, no existe aún una normativa común con referencia a la entrada y estadía en el territorio de la UE de ciudadanos extranjeros. Se mantiene aún como competencia exclusiva de los Estados miembros que deben coordinar sus leyes con respecto a las condiciones de entrada, de permanencia y de trabajo de estas personas. Actualmente la prioridad está puesta en la lucha contra la inmigración y el trabajo clandestinos. En este sentido, los 27 miembros de la UE se pusieron de acuerdo sobre una lista de terceros países a cuyos ciudadanos se les requiere de una visa para entrar a la UE (3).

Con respecto a los demandantes de asilo y los refugiados, los países de la UE deben adoptar una actitud común. Se trata de evitar en particular, que un candidato al estatus de refugiado sea enviado de un Estado miembro a otro, a partir de un pedido de asilo, o viceversa, de impedir que un pedido de asilo sea introducido en un Estado miembro luego de haber sido rechazado en otro.

A partir de la revolución tunecina (y su efecto dominó), Italia no deja de recibir refugiados, sobre todo de Túnez y Libia. La decisión unánime de Italia, primero, de entregar un visado especial a los refugiados para que puedan permanecer en territorio europeo y la iniciativa luego, también unánime, de Francia de plantear una suspensión del acuerdo Schengen han generado un debate dentro de la UE que sobrepasa el tema puntual de qué hacer con todos los refugiados que ahora tienen permiso de permanencia, aunque limitado, en territorio europeo.
Existe una cláusula de suspensión de Schengen que Francia supo aplicar ya cuando los atentados de Londres en 2005, pero que refiere, aunque no explícitamente, a temas relativos a la seguridad. En este caso puntual, Francia quiere evitar el ingreso masivo a su país de inmigrantes africanos, lo que a ojos vista no es lo mismo. Bruselas reacciona así, aclarando primero que no fue consultada por ninguno de los mandatarios sobre las medidas a adoptar y que propondrá un proyecto en este mes de mayo, que aclare las normas Schengen sin ninguna intención de “innovar” en ese sentido, enviando un claro mensaje a Sarkozy. Lo que el ejecutivo europeo pretende es lograr mayor coordinación entre los países miembros en lo que respecta a las fronteras externas reforzando la agencia europea que las gestiona, FRONTEX, y que se logre avanzar en el debate sobre la inmigración, además de evitar agujeros interpretativos del acuerdo Schengen. Una reforma que limite la circulación en el marco de Schengen va en contra del principio europeo de unidad de Monnet, Schuman o Delors, y donde los Estados miembros deben poner el esfuerzo es en lograr una política migratoria común. Así queda expresado en varios editoriales de distintos diarios europeos que no ven con simpatía esta actitud franco-italiana, que vuelve a separar a la opinión pública europea en temas tan delicados como urgentes de resolver.

(1) Los menores de 18 años deben poseer una autorización escrita de sus padres para viajar solos a través del territorio de la UE. El pasaje de frontera de los objetos personales se efectúa sin revisión, incluyendo puertos y aeropuertos, aunque la aduana se reserva el derecho de intervenir y revisar cuando existe sospecha de tráfico de drogas, el transporte de sustancias peligrosas, de tráfico de armas o de obras de arte.

(2) Dinamarca tiene un estatus especial, el Reino Unido conserva el derecho de controlar a las personas en sus fronteras, y los nuevos países miembros de Europa del Este van ingresando al espacio Schengen paulatinamente desde 2008.

(3) A partir de los atentados del 11 de setiembre de 2001, se creó un Sistema de Información sobre Visas (VIS) que permite mejorar la puesta en marcha de una política común de visas, la cooperación consular entre las representaciones de los Estados Schengen y la consulta previa a la concesión de visas. Además, la “visa Schengen”, de modelo uniforme, permite a los ciudadanos extranjeros entrar legalmente en un Estado Schengen y desplazarse libremente en todo el espacio. Esta visa común, se da con procedimientos idénticos, es válida para estadías de tres meses por semestre.

jueves, 10 de febrero de 2011

Reflexiones sobre la libertad.

Los diversos conceptos que surgen de la idea de libertad forman una constelación vasta y a veces confusa, que intentaremos reunir de manera clara y simple a partir de una reconstrucción académica, filosófica, histórica, cultural y social de lo que significa la libertad.
Comenzamos por la definición sencilla de la palabra que nos da la Real Academia Española, que nos dice que es la “facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres.” Estas dos oraciones, en cuanto definición genérica de la palabra “libertad”, están ligadas al concepto político del término, que implica el reconocimiento de ciertos derechos pero también el cumplimiento de obligaciones, al mismo tiempo que incluye la idea de que mi libertad termina donde empieza la del otro.
Los griegos, en función de su época, contrapusieron el concepto de “hombre libre” al de “esclavo”. La condición de libre, en el sentido político, era la de aquél que ingresaba en la polis como ciudadano: poseía, por un lado, la capacidad de decidir y por otro la responsabilidad de hacerlo considerando la comunidad.
Si bien se puede remontar al siglo XVII, lo cierto es que la noción de libertad se difunde de manera amplia en el Siglo de las Luces, de la mano de la igualdad y la fraternidad. “Libertad, igualdad, fraternidad” es una de las divisas más proclamada durante la Revolución Francesa. Son conceptos interdependientes desde una perspectiva ética: no podemos pensar en la libertad sin generar desigualdad, entonces la fraternidad actúa como un engranaje que hace posible la promoción simultánea de la libertad y la igualdad. Entendemos el concepto de libertad como un derecho moral respecto de otra persona, no de nosotros mismos. Estaremos de acuerdo en que sólo si el hombre es libre es también moralmente responsable de sus actos, por lo tanto ser libre es ser responsable y supone una postura epistemológica frente a la realidad.
Históricamente, puede analizarse la noción de libertad desde dos visiones: la que la contempla como algo interior a la persona humana (cristianismo) o la que lo hace como algo exterior a ella; la que hace de la libertad algo metafísico y la que la considera una cuestión social (Hobbes); la que habla de la libertad de la voluntad y la que lo hace de la libertad del hombre (Sartre).
La tradición empirista, desde Hobbes, pasando por Hume y Mill, compatibiliza la libertad con la necesidad, de manera que ser libre no significa obrar sin motivo sino no sentirse coaccionado: una acción puede ser libre aunque esté causada por impulsos o motivaciones, siempre y cuando ninguna de estas cosas pueda considerarse una causa que predetermine necesariamente el curso de la acción (es decir, que coaccione internamente). Esto no significa que la libertad, para ser ejercida tal y como la consideramos, no deba estar limitada. La libertad absoluta, en este marco, no es posible. Si bien el equilibrio perfecto entre el derecho del individuo a actuar sin interferencias de terceros y la necesidad de restringir la libertad para poder vivir en comunidad no se ha encontrado aún, el concepto anárquico de sostener la sustitución del gobierno por una sociedad en la que cada individuo observe los principales principios éticos, es inviable.
Filosóficamente, Sartre plantea que la idea del hombre como un ser libre es una consecuencia del ateísmo, nadie nos ha marcado un destino irremediable, somos, en definitiva, lo que siempre hemos querido ser y siempre podemos dejar de ser lo que somos: el hombre está condenado a ser libre, en la medida de que concluye que no somos libres de dejar de ser libres. Así, hace al hombre radicalmente responsable de sí mismo. Kant, entiende la libertad como la capacidad de los seres racionales para determinarse a obrar según leyes de otra índole que las naturales, en el mundo de la experiencia no hay libertad porque todo obedece a causas pero, en el plano del pensamiento, ve la libertad como una exigencia de la moralidad. Dice Kant: “(…) todo ser que no puede obrar de otra suerte que bajo la idea de la libertad, es por eso mismo verdaderamente libre en sentido práctico, es decir, valen para tal ser todas las leyes que están inseparablemente unidas con la libertad, lo mismo que si su voluntad fuese definida como libre en sí misma y por modo válido en la filosofía teórica. ”.
Para Nietzsche, de acuerdo a la interpretación de Karl Jaspers, el hecho de que la mutabilidad del hombre no se agote en la variación propia de su existencia, según leyes naturales, significa su libertad: el hombre cambia por sí mismo. Toda la historia muestra que tal cambio se ha producido por la moral, entendiéndola como las leyes a las que se someten los hombres en su actividad y en su conducta íntima, de modo que sólo así llegan a ser lo que son. El mundo actual reconoce la moral cristiana. Aquél cuya fe vacila, admite, sin embargo, la moral como si fuese algo obvio. La modernidad, al tornarse atea, cree tener en la moral un terreno sólido que la sostiene y le permite vivir según las leyes de la misma. Nietzsche ataca la moral en cada una de las formas que le salen al encuentro, pero no lo hace para quitarles las cadenas que sujetan a los hombres, sino para impulsarlos mediante una carga más pesada: para que lleguen a una jerarquía superior. Al atacar y al negar lo que vivía como ley moral y como libertad en la autoconciencia humana, Nietzsche quiso concebir el ser auténtico del hombre: lo que llama libertad llegó a ser para él “creación”, en lugar del deber ser puso la “naturaleza”, sustituye lo que los cristianos denominaban gracia y redención de los pecados por la “inocencia del devenir” y en lugar de lo que en general es universalmente válido para los hombres, ubicó la “individualidad histórica” .
Para nosotros, la libertad es un principio.
En términos culturales debemos resaltar que la educación es un factor primordial para conocer la libertad. Quien menos “conozca” menos opciones tendrá, por lo tanto menos libre será a la hora de tomar sus decisiones. En el proceso de educar debemos fomentar siempre la tolerancia, el respeto, la autonomía y la independencia. Nosotros respetamos y fomentamos la libre expresión y el espíritu creador en el marco de la tolerancia.
Personalmente, creo que podemos encontrar tantas definiciones de la libertad cuanto personas haya, en la medida de que lo que en definitiva importa es que cada individuo se sienta libre (además de la libertad que le es otorgada la conciencia de poseer tal estatus es fundamental). En este sentido, entiendo que la libertad no es un fin, es un medio y los medios no resuelven problemas sino que preparan los caminos para resolverlos.
Dejo, por último, una reflexión de Jacques Bénigne Bossuet que sobre la libertad dice:
El buen uso de la libertad cuando se transforma en hábito se llama virtud; el mal uso de la libertad cuando se transforma en hábito se llama vicio.
Sigamos defendiendo la virtud tratando de evitar el vicio.
Muchas gracias.
Enero 2009
VD

Europa: el Parlamento, los ciudadanos y las elecciones

“Votando en las elecciones europeas, elige a quienes influirán en su futuro y en la vida diaria de casi 500 millones de ciudadanos europeos. Si no se molesta en elegirlos, alguien lo hará por usted y decidirá quién le representa en la única asamblea paneuropea elegida por sufragio universal directo. Los eurodiputados electos darán forma al futuro de Europa durante los próximos 5 años. Consiga la Europa que usted quiere. Si no vota, no se queje.”

Así comienza la lista, que presenta el sitio web del Parlamento Europeo, con las 10 razones por las que se debe votar. Entre el día de hoy y el domingo 7 de junio, podrán votar 375 millones de europeos, la formación de un nuevo Parlamento con 736 eurodiputados. Desde el vamos se apela a la participación ciudadana, normalmente apática y poco interesada en estas elecciones institucionales europeas. ¿Por qué?

El Parlamento Europeo se elige por sufragio universal directo desde 1979. Las normas europeas afectan la vida cotidiana del ciudadano común, mucho más de lo que parece a primera vista. Hoy en día en cualquiera de los países miembros podemos decir que una gran mayoría de leyes nacionales son aplicaciones de la normativa europea. Así que concierne a todos. Es cierto que no es el Parlamento solo quien hace esta normativa pero ha ido ganando espacio y poder con el tiempo y, el nuevo Tratado de Lisboa, una vez en vigor, aumentará aún más el poder de decisión de los eurodiputados, le dará el poder de elegir al Presidente de la Comisión y los ciudadanos tendrán derecho de iniciativa legislativa.

En las últimas elecciones, el ingreso de los miembros de Europa del Este influyó negativamente en la participación ya que muchos de los nuevos ciudadanos europeos ni siquiera sabían qué función tenía el Parlamento. Este año la institución le dedica 18 millones de euros a una campaña informativa institucional, con el fin de combatir la abstención del voto. En Alemania, son los jóvenes los que se han movilizado para lograr generar conciencia entre sus pares de la importancia de hacer uso de este derecho electoral y participar en el sistema. Las críticas se concentran en la falta de verdaderos debates sobre temas europeos, la ausencia de la discusión federalista y la insistente presencia de la Europa de naciones que no representaría un único proyecto. ¿Qué pasa con la política de defensa común, con la política exterior común? Temas que aún hay que discutir y que están fuera del debate en la campaña, total: el pronóstico es una abstención récord.

Sin embargo, cuando los temas europeos parecen más claros y cercanos, quizás más tangibles, los ciudadanos votan, se manifiestan…así fue en las reformas que implicaron votación ciudadana, así fue en el debate sobre la semana laboral cuando se negociaba Lisboa. Parecería que fuera más responsabilidad de los eurodiputados hacer valer su posición y defender el rol de la institución que representan, que de los ciudadanos de cumplir con las obligaciones (de hecho, morales) que implican vivir en democracia.

Por unos, por otros, el Parlamento avisa: si no vota, no se queje.

Unión Europea: esta vez “SÍ”

Al momento del NO de Irlanda al Tratado de Lisboa, afirmábamos en un artículo (ver Letras Internacionales 26: “Unión Europea: esta vez “NO”), que la Unión Europea no aceptaría un no como respuesta. Los hechos lo confirman, en el reciente referéndum (segundo) la votación dijo finalmente SÍ al Tratado, con cerca del 64% de aprobación.

La votación anterior estuvo tan manchada de cuestiones electorales nacionales que no tenían mucho que ver con el Tratado en sí, que la gente terminó votando a favor o en contra de los candidatos nacionales, más allá de lo que realmente traía como cambio Lisboa, que poco se discutió. Las críticas le llovieron a Irlanda como agua y su gente sintió la necesidad de redimirse: ante la posibilidad de quedarse al margen del proceso, prefirieron seguir embarcados. En un contexto de crisis que afectó particularmente a este país, no era tiempo de alejarse. El mensaje había sido claro, la UE no iba a dejar de avanzar por ellos.

Las miradas giraron entonces, y rápidamente, hacia Polonia, donde su Presidente, Lech Kaczynski, había condicionado su firma de aprobación al Tratado de Lisboa, al “sí” Irlandés…una medida que no dejaba de sorprender ya que él mismo había negociado el Tratado y en todo caso, no parecería ser su papel defender los intereses irlandeses. Por más euroescéptico que se declare, su país es parte del grupo y son esos intereses los que se deben salvaguardar. Se tomó su tiempo, 8 días después del “sí” cumplió y firmó.

Ahora queda República Checa. Su Presidente, también euroescéptico, Vaclav Klaus, se niega a firmar la aprobación a riesgo de quedar sólo y con un costo político importante. Su argumento es que debe esperar a que la Corte Constitucional de su país verifique que el Tratado no se enfrente con la Carta Magna checa. De acuerdo a la prensa nacional, más parece estar aprovechando la exposición mediática para ser El que le dará vigencia a Lisboa. Otros, aseguran que es Inglaterra quien presiona a Klaus para que no firme, de manera de demorar el proceso hasta las elecciones legislativas en la isla (a más tardar, en julio 2010). Si ganan los conservadores, como todo indica, harán pasar el Tratado de Lisboa por un referéndum nacional y como Inglaterra viene siendo la que queda al margen de la mitad de las cosas en las que la Unión quiere avanzar…el resultado podría sorprender.

Lo planteamos la votación anterior, lo repetimos ahora, ¿es justo? En definitiva, ¿la democracia no se trata también del respeto a las mayorías? La solidaridad debería ser de ida y vuelta. Europa no va a dejar de avanzar porque Klaus quiera su hora de gloria y se le vaya de las manos, tampoco dejó de hacerlo cuando Inglaterra se negó a participar en otras ocasiones. La salida se va a encontrar, eso es seguro, queda por ver cuál será el costo esta vez.

Unión Europea: esta vez “NO”

¿Cómo que no? Tal parece ser la respuesta de los 26 socios de Irlanda al resultado negativo del referéndum del fin de semana pasado. Mucha sorpresa para un resultado que se venía anunciando los días previos a la votación.

Irlanda viene de decirle “no” al Tratado de Reforma de Lisboa por el cual se intenta hacer funcional una Unión de 27 países.

Tras el fracaso de la Constitución en 2005 se trabajó de manera de salir del paso y lograr la necesaria reforma, a través de un Tratado que permitiera la ratificación parlamentaria, evitando la siempre riesgosa consulta popular. Sólo Irlanda estaba obligada, por mandato constitucional, a recurrir a aquel sistema.

El problema de esta opción es que es inevitable adjudicarle todos los problemas del mundo a esa votación, independientemente de la particularidad de lo que se vota. En la campaña previa al referéndum, Irlanda cambió de gobierno; el saliente se vio envuelto en denuncias de corrupción que influenciaron la desconfianza de los irlandeses frente a las instituciones. La oposición aprovechó, para difundir que la aprobación del Tratado obligaría a aceptar el aborto, tocando una de las fibras más sensibles de los irlandeses, sin que la UE hiciera demasiado por desmentirlo: ahora se paga el precio.

La pregunta inevitable es la siguiente: ¿es justo? Más allá de la letra de la reforma, ésta fue negociada y decidida por todos, incluyendo Irlanda. Está ratificada por 18 Estados sin que se previera que, los que aún no lo han hecho, pusieran obstáculo alguno en el camino. Irlanda entró en la Unión Europea, en 1973, como uno de los países más pobres de Europa y compite hoy con Luxemburgo al estar entre los más ricos, nada más ni nada menos que gracias a los 40.000 millones de euros que la Unión le hizo llegar en forma de ayudas. ¿La solidaridad no debería ser de ida y vuelta? Está claro que la Unión necesita avanzar y no puede permitir que un millón y medio de votantes la paralice de esta manera.

El gobierno irlandés falló a la hora de informar correctamente a sus ciudadanos y convencerlos de que la aprobación era el camino. Queda clara una lección que debe desprenderse de este resultado: el objetivo de involucrar a la ciudadanía en el proceso parece no haberse logrado. Para el ciudadano común la Unión sigue siendo Bruselas, sigue siendo la Comisión, el Parlamento Europeo. El europeo común sigue sin incorporar el eslogan “Europa somos todos, unidos en la diversidad” y esto involucra a todos los Estados miembros.

¿Qué hacer ahora? Las reacciones van casi todas en una misma dirección, mantener el sistema de la “Europa a dos (o varias) velocidades”. Hasta los más férreos adversarios de este sistema, como el Primer Ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker, consideran que frente a la posibilidad de dejar sin efecto Lisboa es mejor “crear un núcleo de países dispuestos a llevar adelante las reformas políticas y que el resto se vaya adhiriendo así quiera y pueda”, mal que le pese. Tan serio es el desaire irlandés. Angela Merkel y Nicolás Sarkozy, quien se prepara a tomar la presidencia del Consejo durante el próximo semestre, aseguraron que se encontrará una salida. Es la prioridad en la reformulada agenda de la reunión del Consejo que se realiza este miércoles y jueves. La presión está ahora sobre Inglaterra para que ratifique el Tratado esta misma semana a fin de dar un claro mensaje a su vecina Irlanda y provocar, en cierto modo, una segunda votación, repitiendo lo sucedido con Niza en 2003.

No es para envidiar la situación del gobierno irlandés que pierde frente a su pueblo y queda aislado de Europa, mientras le llueven las críticas de todos lados. Sin embargo parecería claro que esta vez, Europa no va a aceptar un NO como respuesta.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Consumo y consumismo

El Diccionario de la Real Academia española comienza por definir al consumo como la “acción y el efecto de consumir comestibles y otros géneros de vida efímera”. En economía es el uso de los bienes creados mediante la producción. En un sentido amplio, el término incluye el consumo de bienes de capital, como el consumo de bienes con propósitos no productivos.
Se pueden seguir clasificando distintos tipos de consumos atendiendo a la clase de bienes que se gastan. El estudio del consumo, especialmente el consumo de los individuos, ha adquirido mayor importancia a lo largo del siglo XX. Sin embargo, Santo Tomás de Aquino, hace siglos, enseñaba que “…un mínimo de bienestar es necesario para practicar la virtud”. Desde el momento que el hombre necesita bienes para su subsistencia (salud, educación, vivienda, descanso, etc.) hay que concluir que resulta imprescindible la producción y el consumo de los bienes que responden a las necesidades básicas de la persona humana.

El consumismo es otra cosa. Según el Diccionario mencionado, es la “actitud de consumo repetido e indiscriminado de bienes en general materiales y no absolutamente necesarios”. Con la sociedad industrial aparece la multiplicación y acumulación de bienes, con frecuencia innecesarios y superfluos, ligados a la obtención de un determinado “status”. La persona aparece insaciable y enredada en una conjunción de vanidad y codicia en la que nada parece ser suficiente. Se presentan como símbolos de este consumismo, entre otros, los Shoppings Centers y los Free Shops de los grandes aeropuertos.
Es, entonces, en la mezcla de estos dos términos donde aparece el preconcepto de creer que la educación, la salud, la vivienda e, inclusive, el entretenimiento, son bienes de consumo enmarcados dentro de lo que definimos como “consumismo”. Éstos serían derechos colectivos que la propia sociedad garantiza a todos los ciudadanos, lo que implica que la persona no consume esos “bienes”, sino que usufructúa el derecho de comer, de vestirse, de divertirse, de vivir bajo un techo, etc.
Todos somos consumidores por definición, por lo tanto debemos tomar actitudes racionales y críticas ante la cultura del “usar y tirar”, partiendo de la base de que no necesariamente el consumismo es calidad de vida.
Hemos presenciado en nuestra ciudad, por ejemplo, la histeria provocada por la inauguración del Hipermercado Géant a causa de los bajos precios promocionales. Es un fenómeno social que ha motivado estudios tanto en nuestro país como en el exterior. Hemos visto como el consumismo, absolutamente innecesario, hizo que en aquella oportunidad algunas personas compraran cosas como 6.000 televisores, 10.000 bicicletas y 28.000 vaqueros, que la gran mayoría sin duda no necesitaba, simplemente porque “estaban baratas”.
Es este comportamiento irracional el que no debemos pasar por alto y tomarlo como un llamado de atención en una época en la que la incertidumbre y el temor, nos hacen olvidar cuáles son los verdaderos valores de la raza humana. La seguridad y la valoración de lo que somos se está midiendo con la vara equivocada. Detengámonos un poco, pongamos punto muerto en este camino y retomemos por la senda en la que nos miramos a los ojos, por dentro…no por fuera.

500 ANOS: Futuro ou Passado?

Na chuva de artigos, cartas e comentários que estas comemorações provocaram, encontrei as palavras do cantor e compositor português Sérgio Godinho que dizem: “Não são as comemorações em si que vão tornar idílicas as relações entre os dois países. (...) Acho que é um pretexto para nos deixarmos de preconceitos mútuos e começarmos, insistentemente, a conhecer melhor o que há de bom em nossas culturas”.

Foi assim que lembrei-me dos debates que também provocaram no seu momento as comemorações dos 500 anos dos descobrimentos espanhóis. Na época, parte da América “espanhola” perguntava-se qual era o motivo da comemoração quando a descoberta espanhola tinha acabado com as grandes culturas indígenas existentes, quando impuseram a sua com a maior brutalidade conhecida sem respeito nenhum, quando vazaram o continente de todas as suas riquezas, adjudicando a esta atitude a categoria de países “subdesenvolvidos” que sofrem hoje, entre muitas outras coisas.
É muito difícil manter-se afastado de um processo do qual forma-mos parte, sobretudo quando se pensa que a independência dás colônias espanholas esteve marcada pelas revoltas, guerras e que nenhum de nós teve o “privilegio” de uma saída pacífica ou negociada.

Mesmo assim eu pensava, naquele momento, que estávamos a perder a oportunidade de aproveitar o presente para construir um futuro melhor, aprendendo dos erros cometidos no passado, ambas as partes. Isto não quer dizer que devamos esquecer o passado ou ficar indiferentes à própria história das nossas culturas, de jeito nenhum. Isto quer dizer que não adianta responsabilizar o presente por um passado que já tem mais de 200 anos. Como disse o Presidente de Portugal, Jorge Sampaio, é muito difícil julgar as épocas históricas com os olhos e segundo os padrões da atualidade.
As comemorações são feitas no presente para o presente, são oportunidades para avaliar a história e sobretudo, para trabalhar no futuro. Estas comemorações servem para mostrar todos os pontos fracos da nossa sociedade de hoje, porque se os indígenas foram reprimidos e subjugados numa época, são discriminados e deslocados hoje, e não precisamente pelos espanhóis e portugueses. Então, acho que é hora de rever as nossas atitudes, de olhar para frente à procura do “reconhecimento” das nossas culturas.
Não é para ficarmos divididos, trata-se de acabar ainda mais juntos...