lunes, 23 de enero de 2012

Momentos

Esta tarde estaba viendo una película con el objetivo de desenchufarme un poco y una escena llamó mi atención cuando una de las protagonistas le dice a otra "tienes demasiado tiempo libre". Me acordé enseguida del comentario furioso de una amiga cuando su madre le dijo que se quejaba demasiado de sus hijos para tener una empleada 8 horas por día...y pensé: por qué la gente siempre tiende a menospreciar la situación del otro con respecto a la suya propia. Por qué costará tanto ponerse en el lugar del otro y atender su mundo, porque en su mundo lo que para uno puede ser sólo un simple problema para el otro puede ser su peor pesadilla y más allá del problema en sí, lo que debería importar es cómo se siente y qué podemos hacer para que no le pese tanto. No siempre es menos o más, a veces sólo es distinto. Entonces sí, puede ser que nuestras madres criaran hijos solas, sin empleadas, y hasta alguna quizás trabajara, pero eso no quita que cada vez se haga más difícil para algunas mujeres congeniar todo lo que conlleva la maternidad. Tan solo pensar en el hecho de que nos escolarizábamos a los 5 y jugábamos con cosas simples porque no teníamos los mismos estímulos que nuestros hijos, que se escolarizan a los dos (el tardío) y son mucho más demandantes porque todo gira demasiado rápido, inclusive para nosotros. Cuando terminó el año le escribí unas palabras de genuino agradecimiento a quien fue maestra prescolar de mis dos hijos, un ser especial. Como para mí se cierra una etapa (no, no pienso tener más) creí oportuno hacerle saber que reconozco el esfuerzo y agradezco su dedicación y, en su respuesta vino el suyo porque la gente ya no se toma el tiempo de tener estos momentos. Y es cierto, ya lo he dicho, la gente ya no se para unos instantes para decir "gracias", "te quiero", hacer saber que la presencia del otro es/fue importante, para hablar, en definitiva, de aquellas cosas que son las que, al final, van a darle consistencia y contenido valioso a nuestra vida. Son esos momentos los que nos llenan el alma y nos dan paz cuando estamos solos con nuestra almohada, al final del día cuando cerramos los ojos. Estamos perdiendo humanidad mirando y juzgando demasiado lo que hace el de al lado sin mirarnos al espejo e intentar, antes, tratar de entender por qué lo hace, partiendo de una premisa más positiva. Estamos perdiendo humanidad dejando de lado las relaciones de piel por las de pantalla basados en la inexistencia de un tiempo que, en definitva, si queremos, podemos controlar. Las relaciones humanas hay que cultivarlas, sí, pero no se puede si no se está presente, si no nos tomamos aunque sea esa media hora entre una cosa y otra, ese café para ofrecer o buscar una sonrisa o una escucha. Entonces sí, puede ser que aquella protagonista tuviera demasiado tiempo, pero haber pasado una tarde cocinando por primera vez en su vida para sorprender a un marido que nunca llegó fue tan frustrante como que le negaran el proyecto a la otra en su trabajo...la sensación es la misma, con distintas consecuencias pero ni más ni menos importante en el mundo de cada una de ellas.

martes, 29 de noviembre de 2011

ISLANDIA AYER Y HOY

Un poco de historia. Islandia es el último país europeo en formarse como tal. Situado al norte del Atlántico, entre Groenlandia y Noruega, al borde del círculo polar ártico, tuvo sus primeros habitantes en el siglo VIII. Se cree que fueron monjes irlandeses los primeros en instalarse en sus tierras inhóspitas. Si bien no se han encontrado evidencias arqueológicas que lo prueben, alguna historia escrita narra el pasaje de los mismos y su abandono de la isla con la llegada de los vikingos paganos entre los siglos VIII y IX. De acuerdo a su sitio oficial , el Libro de los establecimientos (Landnámabák), del siglo XII, relata detalladamente cómo los escandinavos descubrieron accidentalmente esta tierra. Los noruegos serían los primeros en establecerse, luego de varios viajes de exploración previos, en la actual Reykjavík, hoy ciudad capital . Vikingos de otras partes de Escandinavia y Gran Bretaña llegaron luego para completar la población, lo que sumaría elementos celtas que aún permanecen en su cultura. Islandia es una de las democracias más antiguas del mundo, el Althingi (parlamento y sistema judicial) se estableció en el año 930 al mismo tiempo que se establecía ya un código legal. Con el Althingi surge el Icelandic Commonwealth y el primer tratado internacional, en el año 1022, que regulaba los derechos de los islandeses en Noruega y de los noruegos en Islandia. Es un país cristiano que adopta esta religión pacíficamente bajo la influencia del Rey de Noruega en torno al siglo XI. En los siguientes siglos pasaron de estar bajo la tutela noruega a la danesa que impuso la iglesia luterana hacia el 1500 y el monopolio del comercio, junto con la reducción de poderes e independencia del Althingi. Esto, sumado a varios desastres naturales, destruyó la economía islandesa que vivió un periodo de grandes hambrunas y epidemias que llegaron a reducir su población notoriamente. Para mediados del siglo XIX, el Althingi se restablece como asamblea (rol que mantiene hoy en día), el comercio se liberaliza, se elabora la primera Constitución e Islandia logra el control de sus finanzas, si bien no logrará la independencia hasta 1918: una independencia relativa ya que se mantendrá súbdita de la corona danesa hasta 1940 y la República de Islandia, como tal, no se proclamará hasta 1944. Islandia hoy: su relación con la Unión Europea Islandia es una república de 103.000 km2, con poco más de 300.000 habitantes concentrados en la costa suroeste del país, en su capital Reykjavik (donde se encuentra dos tercios de su población total) y alrededores. Es una república parlamentaria con un periodo presidencial de 4 años sin límite de reelección. A pesar de su modernización económica en los últimos años y el desarrollo del sector servicios, la pesca y sus derivados sigue siendo el principal producto que rige la economía islandesa, representando la mitad de las exportaciones del país . En la última década había logrado uno de los más altos niveles de crecimiento constante en el mundo junto con una baja inflación y un bajo desempleo. Sin embargo la crisis de 2008 golpeó fuerte a esta economía pujante obligando a su Estado a hacerse cargo de los tres bancos más grandes del país (Kaupthing, Landsbanki y Glitnir). Este colapso bancario y la depreciación de la moneda nacional (corona islandesa) dejaron una crisis económica y financiera de la que el país aún no se recupera casi triplicando la tasa de desempleo, que pasó del 3% en 2004 al 8,7% en la segunda mitad de 2010, recuperando el impulso a la baja con 5.9% en el último trimestre de este 2011 . Su relación con el continente, como se ha señalado, es estrecha e histórica sobre todo con los países escandinavos. No forma parte de la Unión Europea pero es miembro de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA por su sigla en inglés) desde 1972, lo que resulta en que dos tercios de su intercambio comercial sean con países de la Unión. Además, es país fundador del Espacio Económico Europeo (EEE) que rige desde 1994, lo que hace que de hecho esté ya muy inserta en la Unión en lo que respecta a su acervo comunitario. Forma parte, también, del llamado Espacio Schengen que permite la libre circulación de personas (para viajar y trabajar) dentro de la Unión, desde el año 2000. Hoy, y desde mediados de 2010, Islandia es candidata oficial de adhesión a la Unión Europea y se preparan para asumir las obligaciones de miembro de la misma. El ingreso del país a la Unión genera dudas en ambas márgenes ya que el rechazo de los islandeses a formar parte del grupo ha sido permanente hasta la crisis que los golpeó en 2009, cuando la posibilidad de resguardarse bajo el paraguas de la Unión y del euro resultó, al menos, atractiva. El pedido de adhesión no dejó de ser sorpresivo y es un hecho que no escapa a los europeos del continente que ven cómo, en los últimos tiempos, la economía comienza a dar signos de posible recuperación y aquélla impulsiva voluntad de pertenecer a la Unión se desvanece lentamente entre la opinión pública. Es claro que la élite política de Islandia no lo tendrá fácil cuando deba defender la adhesión frente a sus electores. El contexto político en el que surge el pedido de adhesión es complejo ya que el gobierno de Geir Haarde, de centro derecha, había dimitido en febrero de 2009 en una coyuntura de crisis económica y política muy fuerte, y se formó un gobierno interino de coalición encabezado por la que quedaría como primera ministra en las elecciones de abril del mismo año, Jóhanna Sigurôardóttir, de izquierda y social demócrata. Es el ala social demócrata la que logra imponer la discusión en el Althingi sobre la decisión de solicitar la adhesión a la Unión y el Parlamento islandés fue representativo de la indecisión general aprobando la solicitud por 33 votos contra 28. Del otro lado del océano, no se puede pasar por alto el hecho de que fuera Suecia quien ostentara la Presidencia rotativa del Consejo y un finlandés el comisario encargado de la ampliación. Como ya mencionamos, el proceso de adhesión está abierto y las negociaciones en marcha. Éstas consisten en 35 capítulos de los cuales casi la mitad ya están cubiertos por la participación de Islandia en el EEE y, de los restantes, al menos tres se presentan muy complicados: la pesca, la agricultura y la caza de ballenas. Por otro lado, existe un contencioso no menor entre Inglaterra y Holanda, contra Islandia, por las pérdidas causadas por el banco islandés Icesave a sus ciudadanos y cuyos gobiernos se vieron obligados a compensar. La discusión sobre si adherir o no a la Unión no es nueva en Islandia y es interesante revisarla ya que el electorado parece haber estado siempre en desacuerdo con la clase política (hasta ahora) que es, en definitiva, su elegida. En un contexto histórico reciente, Jean Jacques Fol , dice que los países nórdicos, en referencia a la política exterior que llevan adelante, podrían distribuirse en dos grupos por una parte, Islandia, Noruega y Dinamarca; por otra, Suecia y Finlandia. Islandia, Noruega y Dinamarca se orientan hacia Occidente, aunque con matices. Islandia y Noruega son más “atlantistas”, y Dinamarca más “europea”. Por su parte, Suecia y Finlandia son estrictamente neutralistas. Por su parte Baldur Thorhallsson , de la Universidad de Islandia, explica el escepticismo histórico de la clase política frente a una adhesión a la Unión Europea a través de tres factores: la influencia del sector primario en la economía combinada con el sistema electoral y el rol de los grupos de interés en la toma de decisiones del gobierno; en el discurso político islandés sobre la independencia y la soberanía y, finalmente, en la ubicación geográfica de Islandia sumado al tratado de defensa que mantiene con los Estados Unidos. Y agrega, desde el punto de vista del electorado, que the willingness of around half of the electorate to apply for the EU membership is explained by the looser connection of the populace with the primary sectors compared with the political elite, the electorate’s greater concern with their economic prosperity than the political discourse of the elite, and the electorate’s anxiety about isolation from Europe, particularly the other Nordic states. Los grupos de interés con más peso en Islandia están relacionados con la agricultura y la pesca y tienen una mayor influencia en este país que en los otros países nórdicos. Esto se explica porque el electorado de las zonas rurales si bien representa una minoría (32%), mantuvo, hasta las últimas elecciones, la mayoría en el Parlamento. El Althingi no había puesto al día la redistribución de asientos con respecto a la representatividad poblacional. También explica Thorhallson que será un cambio progresivo dado que gran parte de la élite política tiene algún tipo de relación con los dos sectores que mueven la economía islandesa, constatando que de cada seis ministros, dos son granjeros o provienen de una región donde estos sectores son importantes. Por otra parte, la tardía independencia de Islandia hace que el discurso a propósito de la soberanía tenga un impacto mayor, una retórica que ha moldeado inclusive el debate político. Durante el siglo XX un rol fundamental de la clase política ha sido lograr, primero y mantener luego, la libertad y la soberanía. Cabe destacar, además, que Islandia es de los países europeos, el más homogéneo en todos los niveles y, a nivel político, esta nación debe mantenerse unida. En este sentido la participación en el espacio económico europeo y en el espacio Schengen se presentó no como una transferencia de poder a Bruselas sobre algunos aspectos específicos sino como una participación de Islandia en algunas áreas de la Unión, al punto de que el gobierno que negoció la entrada en Schengen fue como una especie de salvador que lograba que los islandeses pudieran moverse libremente dentro de la Unión y sobre todo, a través de los otros países nórdicos. Por último, mencionamos la importancia geoestratégica de Islandia y un relacionamiento especial con Estados Unidos que dificulta y hace dudar a la élite política sobre la aproximación a Europa. Islandia fue un importante enclave geoestratégico durante la Guerra Fría, en el medio de lo que se llamó el GIUK-gap (Groenlandia-Islandia-Reino Unido). Esta situación geográfica ha hecho que Islandia base su política de seguridad y defensa en el tratado de defensa firmado con Estados Unidos (1951) y su participación en la OTAN. De esta manera los partidos políticos y su élite mantienen cierta resistencia a extender la participación de su país en el capítulo de la política de seguridad y defensa de la UE, en la medida de que su defensa se encuentra asegurada por los Estados Unidos. El problema de la crisis y la banca no deja de ser un ítem que preocupa a la UE ya que las medidas tomadas por Islandia aún no satisfacen a las víctimas continentales de la quiebra de los tres principales bancos islandeses. Claudí Pérez resumía en un párrafo lo sucedido para el diario El País, en abril de este año: (…) bajo el influjo de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, el país se convirtió en la quintaesencia del modelo liberal, con una política económica de bajos impuestos, privatizaciones, desregulaciones y demás: la sombra de Milton Friedman, que viajó durante esa época a Reikiavik, es alargada. Aquello funcionó. La renta per cápita se situó entre las más altas del mundo, el paro se estabilizó en el 1% y el país invirtió en energía verde, plantas de aluminio y tecnología. El culmen llegó con el nuevo siglo: el Estado privatizó la banca y los banqueros iniciaron una carrera desaforada por la expansión dentro y fuera del país, ayudados por las manos libres que les dejaba la falta de regulación y por unos tipos de interés en torno al 15% que atraían los ahorros de los dentistas austríacos, los jubilados alemanes y los comerciantes holandeses. Una economía sana, asentada sobre sólidas bases, se convirtió en una mesa de Black jack, sentencia al final. Cuando cayó Lehman Brothers fueron de los primeros en entrar en el colapso financiero mundial. Como les pasó a otros, la inflación trepó descontrolada, el desempleo se multiplicó rápidamente, el PBI cayó 15% y los bancos perdieron más de cien mil millones de dólares…El Icesave, una banca de ahorro operada por el Landsbanki, concentraba los ahorros británicos y holandeses y, cuando el gobierno permite el quiebre de los bancos y los nacionaliza, decide consultar por referéndum la devolución del dinero. De por sí, esto generó polémica en Europa, más cuando el resultado fue negativo: Holanda e Inglaterra debieron hacerse cargo de 4.000 millones de euros, que sus nacionales reclamaban les fueran devueltos. Esto estancó las negociaciones de entrada de Islandia a la UE. En definitiva, Islandia hoy en día sufre las consecuencias de la crisis económica que también afecta a Europa continental, obligada a tomar medidas de severa austeridad, a partir del rescate del FMI, con la clásica receta de más impuestos y menos gastos, aumentos del IRPF y del IVA, pero que compensa con un aumento de sus exportaciones (a partir del desplome de la corona) lo que igualmente permitirá un crecimiento del 3% de la economía islandesa en este año. Es como si el país volviera a sus orígenes, retrocediera 10 años atrás, con la apuesta en la pesca y la industria del aluminio. El futuro es incierto aunque queda claro que Islandia deberá trabajar duro para solucionar los pocos, pero importantes, obstáculos que le impiden aún ingresar a la Unión, por un lado, y para convencer a su electorado de los beneficios que implica sumarse al proyecto europeo, por el otro . En este sentido, la propia Unión se ha comprometido, a través de la Comisión, a realizar una campaña conjunta para explicarle a la población dichos beneficios: una estabilidad financiera que la isla necesita y mucho; un crecimiento del mercado de exportaciones y la participación directa en la toma de decisiones. No será tarea fácil, Islandia le teme al ingreso de pesqueros comunitarios a sus aguas territoriales y la competencia que esto implicaría; la caza de ballenas deberá ajustarse a las normas comunitarias afectando una tradición antiquísima de la isla; el problema con Inglaterra y Holanda deberá quedar saldado y ajustar el déficit y la deuda a las exigencias de la UE (Criterios de Copenhague) se presentan como duros desafíos. Bibliografía - FOL, Jean Jacques. 1984. “Los países nórdicos en los siglos XIX y XX.” Ed. Labor. Barcelona. - GOODEVE, Emily. 2005. “Iceland and the European Union. An in-depth analysis of one of Iceland’s most controversial debates.” En Scandinavian Studies. N°77 (p. 85-104). - GRANELL, Francesc. 2009. “El proceso de ingreso de Islandia a la UE como reto para la Presidencia española.” ARI N° 158/2009. Real Instituto Elcano. - KATSIOLOUDES, Marios; THORDARDOTTIR, Steinunn; BALSMEIER, Phillip. 1996. “Iceland drifting towards International integration: the pros and cons of joing the UE”. En International Journal of Commerce & Management Vol. 6 N°3&4 (p. 41-56). - PÉREZ, Claudi. 2011. “Islandia enjaula a sus banqueros: la primera víctima de la crisis financiera hace un valiente intento de pedir responsabilidades.” Reportaje diario EL PAÍS (03/04/2011). - THORHALLSSON, Baldur. 2002. “The Skeptical Political Elite Versus the Pro-European Public: The case of Iceland”. En Scandinavian Studies N°74 (p. 349-378). Sitios web consultados: http://eeas.europa.eu/iceland/index_en.htm http://europa.eu/rapid/pressReleasesAction.do?reference=IP/11/1215&format=HTML&aged=0&language=EN&guiLanguage=en http://ec.europa.eu/enlargement/candidate-countries/iceland/key-documents/index_en.htm http://ec.europa.eu/spain/novedades/ampliacion/ampliacion-islandia-union-europea_es.htm www.iceland.is www.statice.is

sábado, 19 de noviembre de 2011

Palabras

Yo escribo mucho con la cabeza...o, mejor dicho, en mi cabeza, y es difícil para mí muchas veces conciliar ese momento en el que se prende la lucesita con el tiempo y el silencio necesario para plasmarlo en este espacio. Así se me pierden momentos y palabras entre la rutina mundana. Pero esto no quiero dejar que se me escape, ayer visité a mi dentista que también, a esta altura, es un amigo y una gran persona que visito dos veces al año, y en un momento me dijo: "yo no creo en la relatividad de los problemas de cada uno". Lo primero que pensé es que hay pocas personas que verbalizan estas cosas hoy en día. Qué difícil es, entre emoticones y signos de exclamación, dos puntos/paréntesis, hablar verdaderamente con el otro, tocarlo, abrazarlo en aquel otro tipo de contacto que solíamos tener los que dichosamente vivimos una época sin computadoras (o exceso de pantallas)...en aquella otra profundidad de temas y conversaciones que sólo parecen posibles cuando uno se toma el tiempo y el espacio de tenerlas. Es así, no importa la envergadura de un problema en relación con otros que probablemente sean más terribles o más trágicos, sino lo que representa para quien lo vive, siendo a veces todo un mundo pesado que se carga en la espalda. Esto tiene que ver con la real empatía que uno siente con respecto a lo que vive el otro cuando se trata, más allá de lo que le pase, de hacerlo sentir mejor o ayudarlo a cambiar el lado por el que mira el prisma.

viernes, 14 de octubre de 2011

Ángeles

Hace unas semanas ya, estuvo Ángeles Mastretta en Montevideo y lo supe tarde. Una autora que mima mi espíritu y da calor a mi alma desde hace muchos años ya...Me hubiera gustado verla. Descubro entonces su blog, Puerto Libre, e intento leerla cada vez que esta ajetreada vida de madre, trabajadora, ama de casa y mujer me lo permite. Hoy comencé el día reencontrando gente que hacía mucho que no veía y con la sensación de que debemos decir más a menudo "te quiero". Hoy es un día en el que encuentro un pequeño espacio de soledad y silencio para leerla y me topo con algo que resume las sensaciones que me mueven en este día: "saberse querido lo pone a uno a salvo de todo"...Es, en definitiva, lo que importa. Gracias por tantos ángeles.

jueves, 14 de julio de 2011

MITTELEUROPA: Un paseo de la mano de Milo Dor (Segunda parte)

El Sur: Istrie, Venecia, Toscana, Lombardia, Trieste.

El sur para Milo Dor representa, por sobre todo, el mar. Un mar del que siente nostalgia “cual pez en la tierra” y hacia el cual, apenas llega la primavera, parte a su encuentro.
Siguiendo el orden cronológico del libro, Istrie es el primer destino de viaje. Aquí se encuentra la calma, se encuentran las culturas croata, eslovena, italiana. El autor nos propone un repaso histórico de las diferentes conquistas que sufrió la península a través de los rasgos y estilos arquitectónicos que fueron dejando su marca al paso del tiempo. Istrie es uno de los pocos sitios de Europa en donde la historia mantiene una presencia que la hace evidente y accesible. Es para nuestro guía, el mejor lugar de reposo.
Por su parte, Venecia representa para Milo Dor, todo aquello de lo que el hombre es capaz. Una ciudad que no le es extraña a ningún visitante aunque no más sea por haber sido tan retratada por diferentes autores, tan fotografiada y pintada por innúmeros artistas. Nos recuerda que su nacimiento se debió a la inteligencia y destreza de los primeros habitantes que llegaron a las islas escapando de los bárbaros que invadían Italia desde el norte. Así, se juntaron habitantes de Padua, Verona, Vicenze, lombardos…habitantes que hicieron de Venecia el mayor imperio comercial de la Edad Media. Aprovecha aquí, para llevarnos al pasado y nos pasea a través de la historia en una disertación clara que nos explica el auge y decadencia della bella citá. Repasa los rastros que quedan hoy presentes en una arquitectura suntuosa y teatral que se ve representada también en las ropas y máscaras del famoso carnaval de Venecia.
Aquella sensación de haber ya estado en la ciudad de los grandes canales que le provoca al primer visitante, también la puede sentir al llegar a la región Toscana. No solo reconocida por la producción del tradicional y uno de los mejores vinos del mundo como es el Chianti, sino también por haber albergado una civilización que desapareció sin dejar grandes rasgos como son los Etruscos. Milo Dor, nos lleva a través de las diferentes teorías del misterioso origen y desaparición de este pueblo singular. Vemos un poco del Milo Dor hombre para el cual el mayor triunfo de la vida está representado en dos cuadros que muestran el fin de jornada de un matrimonio que luego de tomar un baño, se acuesta a dormir. Una escena por demás sencilla, por demás común, pero que le inspira confianza en lo que debe ser la vida: amor. No es solo la historia, nuestras raíces, nuestro pasado, también es nuestro cotidiano, también podemos encontrar nuestro SER en los actos más simples y rutinarios del día a día.
Sobresale además un problema que sufren no solo las pequeñas aldeas toscanas mas todas las pequeñas aldeas europeas, y nos llama la atención al respecto. Apenas quedan algunos ancianos cuando no están completamente abandonadas….A pesar de ello, nos dice nuestro guía, los comerciantes van a la ciudad, los paisanos trabajan la tierra, los artistas tienen sus ateliers y frente a la puerta de la ciudad un grupo de niñas juega a la rueda rueda: es un escenario de calma y felicidad.
Lo que más sobresale del pasaje por Lombardia es el recuerdo que le surge de su infancia pasada en la región del Banat. No solo por el paisaje monótono sino también por su gente poco locuaz que guarda características muy similares. Es una zona campesina que también ha tenido su lugar en la historia, a la que pocos jóvenes regresan pero que se mantiene viva a pesar de no ser destino de muchos turistas.
Más marcante resulta entonces la visita a Trieste. Ciudad que le parece a nuestro autor, más austriaca que muchas ciudades actuales de aquel país. Quizás sea por ello que se siente tan en casa como en Viena. A pesar de quedar pocos rastros del periodo romano se puede encontrar su presencia, una vez más, en su arquitectura. Realza la importancia de un puerto que supo ser, que ya no es y que intenta volver a ser. Nos cuenta su relación con Viena en otros tiempos, no solo comerciales mas también en el área de la ciencia, de la psiquiatría específicamente. Nos desvía un poco del recorrido histórico para poner como ejemplo un trabajo que encuentra excepcional hecho a nivel de esta área del estudio humano. Plantea aquí, uniéndolo al trabajo psiquiátrico, y dado que lo asume como una enfermedad mental, un tema que retomará luego, pero que ya vimos, que es el del nacionalismo. Trieste fue uno de los centros del movimiento fascista. Con habitantes croatas, eslovenos, italianos, pasó de mano en mano, entre Yugoslavia e Italia, queriendo cada uno resaltar un fuerte nacionalismo interno.
Trieste marca así, para Milo Dor, una gran lección que es, en definitiva, la que intenta dar a lo largo de todo su libro. Los pueblos de costa septentrional del Mediterráneo y del espacio centro europeo están hechos para entenderse, más allá de los nacionalismos, de las religiones y de las ideologías. Entender esto significa, para él, haber aprendido la lección, haber aprendido de los errores y poder enfrentar un futuro en común.

Voivodina, Dubrovnik y el Danubio

Voivodina y Dubrovnik representan la infancia y primera juventud de Milo Dor. Haber crecido en un paisaje de planicie inmensa donde causaba impresión “no tener donde esconderse” marcaron al autor en la medida que resiente hoy esa inmensidad que tanto busca en sus rencuentros con el también inmenso mar cada vez que se dirige al sur. Una tierra que fue turca, austro-húngara, serbo- croata-eslovena, para acabar yugoslava al momento de nacer nuestro guía. A la vez que nos relata los hechos históricos nos cuenta un poco de su vida, de su padre, hechos personales que junto con la historia formaron su primera infancia. Le da un rostro humano a los acontecimientos históricos que nos podían parecer en exceso abstractos. Cuando regresa a su tierra, Milo Dor encuentra el conflicto de las minorías, se reencuentra con sus ancestros, se enfrenta a la americanización, a la melancolía, a la tristeza, a la mezcla de lenguas y culturas eslavas, se encuentra con un pasado que fue y al que no quiere volver: “no tengo más nada que hacer aquí” acaba diciéndonos…
Cada uno de nosotros tenemos nuestros puntos de referencia que marcan el camino de nuestra existencia. Uno de esos puntos es para Milo Dor la ciudad de Dubrovnik. Un sitio que supo conquistarlo poco a poco, transformándose en cierto modo, en su lugar. Un sitio que le provoca buenos recuerdos, donde la historia se vive como el presente, un punto fronterizo ubicado en la punta más meridional de Croacia. Es este un capitulo cargado de historia, una parte de su historia que le es placentera y así nos lo trasmite. Una ciudad que da pena abandonar.
El Danubio es lo que para Milo Dor debiera representar Europa: la unión de numerosos países y pueblos. Es un destino del que no ha podido escapar, un río que baña las costas de las tres ciudades que marcaron la vida del autor, Viena, Belgrado y Budapest. Es el lazo que conforma un triángulo amoroso en cuyo centro está gran parte de su vida. Es el río que otrora separó, que sirvió de frontera mas también de vía de comunicación. Es esta la que debe mantenerse como función primordial.

Mitteleuropa

Toustain Du Lac decía, citando a Gyogy Conrad, que el hombre « mitteleuropeo » es aquel al cual la división del continente lastima, toca, molesta, inquieta y oprime. Para este autor es un mito en términos políticos pero muy real en términos culturales, como concepto que une tres grandes civilizaciones: la occidental, la eslava ortodoxa y la herencia del Islam del Imperio Otomano.
Para Milo Dor, la Mitteleuropa es su patria, a su vez, su patria es Europa. Cada uno tiene su propia visión. Por un lado los polacos y húngaros, por otro los franceses y alemanes, los propios intelectuales. Según Dor, es un concepto que ha sido reinventado a lo largo del tiempo de acuerdo a la puesta al día. Para él uno de los rasgos de su mitteleuropa es el estado plurinacional, tomando como ejemplo la Yugoslavia de Tito, que no defiende pero de la que saca una lección: los pueblos no son capaces de convivir pacíficamente. Lamenta la decadencia de las construcciones multiculturales y los Estados plurinacionales en ese sentido. La presencia de una comunidad judío-alemana, que estaba instalada en todas partes, hizo que fuera un contributo fundamental a la creación de la cultura centro europea. Es un ingrediente, junto con el idioma alemán, esencial a la existencia de este concepto.

En definitiva, más allá de la realidad, la mitteleuropa es también un sentimiento, una forma de sentir una parte de Europa, y eso es lo que nos transmite Milo Dor en su libro. La cultura y la historia se transforman en un valor agregado de estos países que tienen un origen común que no debemos olvidar y que el autor nos recuerda permanentemente a lo largo de todo el viaje. Es el intento de preservar lo bueno del pasado, con un rostro más humano, que debe unificar para el futuro. Mitteleuropa no es únicamente un espacio geográfico, es mucho más que eso, es también una cultura común, una historia común, es toda una comunidad que forma parte de un espacio aún mayor que es el continente europeo.
Milo Dor nos lleva en un viaje a través de palabras que provocan en nuestra imaginación un sinfín de imágenes, nos invita a conocer lugares, nos propone música y poemas de lugares que han pasado por encantos y desencantos pero que no por ello dejan de ser maravillosos. Es otra manera de ver “la otra Europa”, una manera que le hace mucha falta…

Bibliografía

Dor Milo. 1996. Mitteleuropa. Mythe ou Realite. Itália. Fayard
Matvejevic Predrag. 2003. L’Europe et l’Autre Europe.
Du Lac Toustain. Miteleuropa : permanence d’un concept ?
Beller Steven. 1991. Reinventing Central Europe. Centre for Austrian Studies.
Reisenleitner Markus.1998. Tradition, cultural boundaries and the constructions of spaces of
Identity.

miércoles, 6 de julio de 2011

MITTELEUROPA: Un paseo de la mano de Milo Dor (Primera parte)

Es lo que nos propone este autor con su libro “Mitteleuropa, mito o realidad”. Un paseo a través de poco más de 200 páginas en el que nos cuenta sus vivencias, su manera de sentir cada lugar, algunos recuerdos, todo mezclado con una magistral clase de historia. Es Europa Central a flor de piel…Istrie, Venecia, Voivodina, Dubrovnik, Toscana, el Danubio, Lombardia, Trieste, Belgrado, Budapest, Viena, Praga…es la Europa central de Milo Dor.

Poco podemos decir de este autor, no más que nació en Budapest en 1923, que fue educado en la zona yugoslava de Banat, que se instala en Belgrado para terminar haciendo de su casa la ciudad de Viena. Sufrió el exilio después de haber sido expulsado de la Universidad por sus actividades políticas en 1940 y de haber sido arrestado dos años más tarde antes de ser deportado a la ciudad austriaca. Milo Doroslovac, como es su verdadero nombre, se va dejando conocer a medida que se avanza en el viaje, dejándonos ver su interior al llegar a los últimos destinos. Así vamos a conocer primero al autor y luego lo que nos dice, haciendo un repaso un poco desordenado del orden cronológico que nos propone en su libro.

Praga
Quizás la ciudad del antiguo bloque del este que más ha sufrido la degradación arquitectónica del régimen comunista, quizás la ciudad en la que el autor encuentra más rastros de historia por ser centro que une el norte con el sur, el este con el oeste, en la que se ve y se siente el pasaje de décadas de descuido, de abandono, en la que nota el cambio desde su primer visita en 1938, a la última ya luego de la caída del muro de Berlín. “Praga fue para mi una ciudad llena de luz, de caras radiantes que miraban el futuro con confianza a pesar de la amenaza que representaba la Alemania de Hitler” declara el autor. Cuando resulta invadida por Alemania, Milo Dor sale a las calles de Belgrado a protestar contra tal atropello. Era estudiante liceal y fue la primera vez que se enfrentó a la autoridad. Queda clara la importancia que representa esta ciudad no solo en términos históricos sino como el inicio de la actividad política que desarrollaría después. En 1946 vuelve a una Praga a la que la guerra no había logrado quitarle el entusiasmo y la confianza que provocaba la libertad recién recuperada: “estaba fascinado con la animación de las calles” dice el autor. Un ánimo que duraría poco hasta que los comunistas llegaran al poder y allí se quedaran por más de cuarenta años. Milo Dor no volvería a Praga hasta entrados los años 80. En esta tercera visita nuestro guía sentirá el peso de un gobierno represor que había hecho desaparecer la alegría de las calles en las que ahora solo reinaba el silencio. A pesar de respirarse un aire tenso, obtendrá de esta visita una vivencia que no olvidará: por un segundo se darán determinadas características climáticas, de luz, de paisaje que lo harán sentir que se encuentra en el sur, más precisamente en Italia. ¿Por qué es relevante? Porque durante todo el transcurso del viaje (léase libro), Milo Dor intenta mostrarnos una Europa única, en la que hasta los pueblos que menos nos parecen influenciarse tienen cosas en común, más allá de la historia, rasgos culturales, lingüísticos, etc. El propio Milo Dor no se asume húngaro, austriaco o yugoslavo, sino europeo él mismo. Cuando vuelve, años más tarde, intenta recuperar la experiencia. Praga había recuperado la vida, la opresión que había sentido en su última visita había desaparecido. Nos la presenta como una ciudad invencible, cuyo pueblo cayó y se levantó una y otra vez. Vemos aquí, también, el Milo Dor político que lamentó el ataque fascista, que lamenta la destrucción comunista, pero que a su vez, puede ver más allá y mostrarnos a través de las letras la poesía que encierran ciudades llenas de sufrimiento, llenas de historias de luchas y desencuentros, un Milo Dor que lamenta la separación étnica, la lucha religiosa, porque todos son uno y parte de la misma cosa.

Belgrado, Budapest, Viena.
Son las tres ciudades que marcarán la vida de nuestro guía, un triángulo amoroso al borde del Danubio que le dejarán huella, cada una a su manera. Su llegada a Viena fue accidental, en 1943 siendo prisionero en Serbia es deportado a esta ciudad austriaca a un campo de trabajo forzado. Allí se quedará, primero obligado, luego por decisión. Nos cuenta cómo encuentra en Viena su casa (son chez soi) luego de pasar un largo periodo aprendiendo a conocerla y a quererla. Como capital cosmopolita y multicultural, dice, hasta un serbio como él, parte griego, nacido en Hungría y educado en Yugoslavia, podía sentirse en casa.
“Cada ciudad se reduce para cada uno de nosotros a algunos detalles que tienen un significado particular” dice Milo Dor, y son esos detalles los que nos cuenta en este destino, el significado particular que cada una de las tres ciudades tiene para él.
Es en Budapest donde encuentra la mejor vista sobre el Danubio, y donde nace en 1923, casi por accidente ya que apenas semanas después es trasladado a la ciudad que siente realmente como propia, Veliki Bečkerek, en Yugoslavia. A pesar de ello su ciudad natal no le es tan extraña como podría parecernos por las innumerables historias contadas por su madre que la mantuvieron presente a lo largo de su juventud. Nos presenta a los habitantes de esta ciudad particularmente abiertos a las novedades y nos muestra un país en el que la comunidad judía tuvo gran importancia en lo que se refiere a su crecimiento económico, un país en el que se siente y se ve el pasaje turco, un país, finalmente, que siempre miró al oeste a pesar de sus ancestros haber llegado del este. La puerta de entrada a ese “oeste” se encuentra en Viena.
Milo Dor encuentra varias razones por las que puede ligar Viena a su vida, pero por sobre todas las cosas explica cómo un sentimiento de confianza que invadía a sus padres, esta capital de un imperio que fue, hizo que terminara allí. Por alguna razón la encontraban un lugar seguro para esperar el fin de la guerra. Sin embargo, dice el autor, algo salió mal, es arrestado y solo por azar es que sale vivo. Obviamente al acabar la pesadilla solo quiere hacerse de un poco de dinero y salir de allí. Lo que no era tan obvio es que, una vez con todos los papeles en regla y el dinero suficiente para emigrar a los Estados Unidos, decidiera dejar pasar el barco y quedarse en Viena.
“Nuestra ciudad es una amante infiel (…) perversa, que llora sus amantes cuando los maltrató toda la vida” nos dice, así fue que Viena lo convenció de quedarse. Y parece no haberse equivocado, lo que nos cuenta de Viena, de su barrio, nos transmite calma, una sensación de espacio agradable, cultural, de “petit quartier mignon”, nos trasmite el amor que siente por ella, nos invita a conocerla. Es un pasaje en el que Milo Dor se muestra más débil en el sentido más positivo de la palabra. Todo el relato es como una poesía a la Josefstadt, su calle. Casi un homenaje al barrio que supo recibir personajes célebres, comunidades diferentes, un mundo multicultural…un barrio que representa Austria. Al decir de Jorg Mauthe, ser austriaco no es una nacionalidad, es compartir una visión del mundo. En definitiva Viena es su casa, su tierra y todo lo que ello representa.
Al hablarnos de Belgrado evoca recuerdos de infancia, de tardes frescas de verano, de corsos y charlas de libros, de cines y teatros. Nos pone frente a la librería en la que soñaba ver algún día uno de sus libros y si bien se encuentran hoy allí en versión serbo-croata, la felicidad que ello le inspira ya no es comparable con aquella que hubiera sido en aquel momento. Esta ya no es su casa…Belgrado es una ciudad en la que la poesía de otras es más difícil de encontrar, una ciudad que aún no ha resuelto muchos de sus innúmeros conflictos, donde la vida se hace difícil. A lo largo de la historia se vio destruida por todos los invasores posibles y reconstruida una y mil veces. Hoy lucha con la cantidad de habitantes, de inmigrantes que llegan a diario de ciudades y países vecinos a probar mejor suerte. Comunidades que se mantienen separadas, distantes las unas de las otras, una crítica que deja clara Milo Dor cuando la compara con una gran ciudad norteamericana donde los inmigrantes cultivan sus viejas tradiciones y tratan de imponerse unas colectividades a otras, donde cada uno intenta obtener lo mejor para sí…Plantea una “americanización” excesiva y sin ningún encanto.
Aparece aquí también el Milo Dor político, comprometido, crítico. Existen en Belgrado una docena de partidos políticos. Si bien se distinguen por el nombre, nos dice el autor, no se puede constatar ninguna diferencia notoria entre ellos porque se disputan los sentimientos nacionales y religiosos de los electores. Como en todos los Estados liberados de la presión comunista, la balanza pesa para el lado del nacionalismo que, en Serbia, se confunde con la iglesia ortodoxa nacional. Son ideologías nacionalistas que terminan siendo agresivas que obviamente acaban por enfrentarse con las otras ideologías nacionalistas agresivas de los otros pueblos yugoslavos. Es la guerra, las masacres…el odio étnico, el egoísmo…Es lo que podemos ver en los filmes de Kusturica, solo que él nos lo muestra como actor, Milo Dor nos lo presenta como espectador que sufre desde afuera.

En la segunda, y última parte, viajaremos junto a Dor por el sur y reflexionaremos con él de qué hablamos cuando hablamos de Mitteleuropa.

jueves, 23 de junio de 2011

¿Conservadores, cómodos o apáticos?

“El país del más o menos” se tituló un artículo publicado por el diario El Observador, con la firma de Juan Carlos Doyenart, en el que su autor intenta encontrar el porqué de esa aparente mediocridad, del aparente quietismo frente a las cosas que tenemos los uruguayos en un pasado glorioso que creímos duraría para siempre. Somos el “Uruguay del más o menos, dice, ese que hace las cosas a medias, que no se profesionaliza, no se especializa en ninguna actividad, que picotea un poco de cada cosa, que cuida su chacrita y finalmente espera que el Estado le resuelva sus problemas...”.

Yo me pregunto, ¿no seremos conservadores? ¿No será que mantenemos un conservadurismo tradicional de un tiempo que no es en el que está inmerso hoy el país y chocamos frente a la realidad negándonos a bailar al compás del mundo? Podría decirse que ese “país del más o menos” es el reflejo del miedo a los cambios, del querer mantener la línea de aquél Estado “benefactor, grande y rico, que solucionaba todos nuestros problemas”. El uruguayo parece preferir siempre el camino más largo, el que es lento, pero seguro. Cambiar sí, pero sólo lo necesario, vamos a no arriesgar...

Quizás me equivoque y lo que debería preguntarme es si no seremos muy cómodos. También es cierto que el uruguayo está muy mal acostumbrado a esa sobreprotección estatal que aún se mantiene en muchos aspectos. Hasta el día de hoy la primera reacción del Estado frente a una situación adversa sigue siendo la de proteger a sus inamovibles funcionarios. Cambiar cuesta y a veces también es arriesgado, claro está que es más fácil seguir en ese “más o menos” que tratar de pasar al “más” con el riesgo de terminar en el puro “menos”...El problema es que el cómodo también es miope y no ve que quedándose en ese “más o menos” se dirige, de todas maneras, aunque más despacio, al más puro “menos”... y entonces así, “podemos seguir culpando al juez de nuestras desgracias”...

Ahora bien, si me vuelvo a equivocar y resulta que lo que somos es apáticos, el asunto ya es más grave. Quizás ese “país del más o menos” refleje un total desinterés del uruguayo de evaluar hacia dónde nos dirigimos, los resultados, lo que votamos, lo que no votamos. Quizás refleje el descreimiento, sobre todo de las nuevas generaciones, en la clase política y sus líderes, en todos aquellos que tienen la posibilidad de hacer algo, porque no existe el altruismo y el precio por querer ser y hacer distinto puede ser caro...

Cualquiera sea la “opción”, creo que está claro que no es buena y nos está llevando por mal camino. Debemos volver a participar, renovarnos, abrirnos, respetarnos a nosotros mismos y al de al lado, respetar su tiempo y su trabajo, encontrar aquello en lo que somos buenos y fomentarlo, apoyarlo, prepararnos, ser los mejores...Es la única forma de poder competir, la única forma de entrar al baile y poder bailar...a compás.